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05 Mar 2018 / 09:58 am

 

Selección y nota por Darío Rodríguez


Darío Jaramillo Agudelo (1947) es un poeta docto, a la manera del romanticismo alemán, interesado en ampliar búsquedas y hallazgos, basta mirar su producción escrita, no sólo su poesía sino sus textos sobre arquitectura, biología o historia. Su poesía ha terminado por constituirse en pieza fundamental para entender mejor nuestra literatura y la literatura en lengua española.

Durante el 2017 Jaramillo mereció el Premio Nacional de Poesía del Ministerio de Cultura con El cuerpo y otra cosa coeditado por Luna Libros y Pre – Textos. Presentamos un grupo de poemas que muestra los actuales intereses de su autor: la degradación del cuerpo, la pregunta por lo trascendente y el silencio.
 

*

 

5

HAY noches que son de violín, otras de piano y otras que se
deslizan en silencio o entre el tamborileo de la lluvia en los
techos.
Noches que retornan a otras noches olvidadas cabalgando sobre
viejas canciones.
Los domingos, cuando comienza el insomnio, aparecen antiguos
estribillos,
perdona mi franqueza que tal vez juzgues descaro,
si yo encontrara un alma como la mía,
y un vaho de anís me transporta a una oscuridad de otros años, a
una ebriedad distinta,
cuando tenía la certeza de que una revelación estaba cerca
y ninguna herida me había dejado cicatrices.

 

*

 

7

YO soy mi cuerpo me dicen. Lo otro que me habita no soy yo y
no llevará mi nombre cuando muera, será parte de un todo
sin memoria y yo no seré ni la sombra de lo que fue mi alma.
Yo moriré, yo moriré como carne y como yo, pobre y efímero
animal, bestia gozosa, y esa otra cosa que es el alma, seguirá
sin recordarme más.
Mi fantasma no dirá que fui yo porque yo estaré más allá de sus
recuerdos. El cuerpo de mis gozos se extinguirá entre la tierra,
será ceniza, y lo otro que estuvo dentro de mí será aliento
de otro ser, será parte de otra nada.

 

*


11

EL cuerpo está hecho de tiempo, tiempo inexorable, absurdamente
simple, tiempo que no entiendo, tiempo curvo, tiempo
hueco, ahora mismo hueco.
Tiempo con pasado y con mañana y con un hueco, tiempo con
nada, tiempo sin hoy, en mis narices el hueco del presente
capaz de no existir y de ser mi única existencia.
Eso es el cuerpo, el cuerpo hecho de tiempo.
El cuerpo y esa otra cosa y esa otra.
El cuerpo y el alma y esa otra.
El cuerpo y el alma y la muerte.
La muerte que es cuando el tiempo ha dejado de pasarnos.
El tiempo, que es el cuerpo.

 

*

 

26

EL presente inasible, el presente que fluye, que ya pasó, que
nunca es, el presente que no existe,
el mismo presente en el que existo, el tiempo en que soy, el tiempo
en que soy lo que acabo de ser hace sólo un instante, el mismo
pero otro,
el presente, mi nada.
En el presente el ruido, el letargo, a veces el dolor en el presente,
a veces el orgasmo que es el presente absoluto.
El presente nunca está en el sueño, en el sueño que consiste en
borrar el presente, el presente vive en esta vigilia, en este insomnio.

 

*

 

30

ES la carne lo que piensa
y del sueño me duelen los huesos.
Sólo quiero dormir.
La vida es intestino y glándula,
fiebre de la materia.
La vida fue esta pequeña piedra que acaricio,
la piedra con piel de terciopelo,
futuro magma con la intuición única del fuego.

 

*

 

31

HAY alguien nuevo aquí, otro distinto vive entre este cuerpo
que soy yo,
alguien que fue bonzo y borracho, alguien cobarde, duro y cobarde,
alguien inconforme con la manera como pasa el tiempo,
alguien sin culpas ni deseos.
Aquí adentro está otro que acusa mi memoria y pide olvido, tabla
rasa para instalar su calma y tomar posesión de mis olvidos,
para ser dentro de mí solo silencio,
un silencio que ambos compartimos,
alma nueva y viejo cuerpo.

 

*


UNA ELEGÍA


TODAVÍA perduran esas tardes de sol: nada que esperar del
mañana,
todo nos lo daba el día que vivíamos,
un pan desordenado del que confía en todo, sueño profundo, sueño
quieto,
la mínima certeza de la carne con algo de ternura contra la mala
sangre,
una displicente seguridad de que perduraríamos jóvenes, incólumes,
sin mancha ninguna en las entrañas.
Todavía existen esas tardes sin desprecio y sin afecto por nada
que no fuera nuestro goce:
el mundo entero cabía en el lecho donde nos amamos.
Vislumbro un jardín entre brumas: sentíamos el olor de los jazmines
difuminados,
aquella niebla tenía los aromas leves de nuestros cuerpos,
ese perfume que llegó a ser otro perfume,
el olor inextinguible:
todavía cada bocanada de aire me mantiene vivo solamente por
la esperanza de aspirar ese olor.
Corazón depredador, cloaca, ruina de un cielo que fue todo lo
que yo haya sido:
ahora mi palabra sucia ronda aquellas ruinas de mí mismo:
te amé y eso basta,
abrazado a ti fui feliz,
ahora lo sé,
ahora cuando le perteneces a la muerte.


Fundación La Raíz Invertida
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