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21 Feb 2018 / 14:06 pm

 

Nota y selección de Hernando Guerra Tovar

Prevalece en la poesía de María Helena Giraldo González un marcado sentimiento de desarraigo. La realidad a la que se enfrenta la poeta tiene nombre propio, se llama diáspora. Y la ciudad no es de ninguna manera el paraíso, es sólo la opción frente a la muerte, aun cuando Thanatos es alta posibilidad en cualquier parte de un país que se desangra. Esta tensión deriva de a poco un sentimiento existencial, un descreimiento, una cierta angustia que marca lenta pero eficazmente la palabra. Se vive en la ciudad pero no se registra el hecho. La retina está ausente, acaso en la aldea por donde cruzan los azules inocentes. Se percibe la derrota del sueño que luego germinará en el poema. Mientras esto ocurre, El viento alimenta a los moribundos que vivimos. Y adviene esa conciencia de que hablara Camus, dolorosa como todo despertar de la ilusión, el desengaño, la abstrusa condición del exiliado: saber que su grafía ya no pertenece al paraíso, porque –y esta es la condición del hombre absurdo- no existe tal paraíso, como tampoco eternidad alguna: Mordiendo el polvo de los ancestros vengo.

 

 

 

 


ACTO DE RESISTENCIA

Mirar de nuevo, aun la ceguera
o dejarse llevar por el vaivén de la hoja:
El hombre ama la guerra, las máscaras, los reflectores.

 

 

 

 

 

HERIDA EN EL ESPEJO

He ido a un lugar donde otra que soy me observa.
No alcanzo a definirla, es el espectro del tiempo en mi ventana.

Giro para mirar sus ojos.

Ella se detiene como una herida.

 

 

 

 

 

INASIBLE

Cuervos y anacoretas tentados por los caprichos de la noche.
Corta estadía en el mundo, larga fatiga.
La tarde viaja hacia el interior que no redime.
Cerca al límite la razón pierde su ruta.
El oído oye lo renegado antes.
La visión enajena la cordura.
Un poema requiere de más luz que sangre.
Cómo atrapar el insomnio en la palabra.
La escritura es inasible.

 

 

 

 


DIOS ES UN HOMBRE QUE TOCA EL ARPA EN LA NOCHE OSCURA

Asombro del hombre, rostro en el espejo.

Un dios borracho y engañoso, de sal y dulce, de luz
y tiniebla.

¿Cómo encontrar a Dios en mi duda,
en el resto de esta noche sin
Estrella?

Dios es un hombre que toca el arpa en la noche oscura.

Lo veo en la voz encandilada de la luna.

La desobediencia de Dios al hombre
es una calle angosta donde la
Palabra se agita.

 

 

 


María Helena Giraldo González Poeta, ensayista y narradora nacida en Filadelfia (Caldas). Ejerce como Psicoanalista. Primera mención Concurso Nacional de poesía Porfirio Barba Jacob de Envigado en 2009 y en el Concurso Nacional de Asmedas 2014. Ha publicado los libros colectivos Octámbulos I (2006) y Octámbulos II (2016). Los libros individuales Lobos incendiarios (2007), La ciudad de tus ojos (2012) y Otro nombre el viento Colección Rosa Blindada Cali 2018. Su ensayo Una lúcida embriaguez la de Aquiles y Sócrates en el libro Literatura e poéticas do Imaginario de la editorial de la Universidad estatal del oeste de Paraná (2013). Tiene inédita la novela Los viajes de Penélope.

 


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