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17 Feb 2016 / 11:00 am

 

Publicamos hoy a la poeta y periodista boliviana Paura Rodríguez Leytón (La Paz, 1973). Con Ritos de viaje obtuvo el Premio Nacional de Poesía convocado por el Gobierno Municipal de Sucre (1999). Su poema "Te atribuyo el torrente de mi sangre" mereció el segundo Premio Internacional “César Vallejo” de la Casa del Poeta Peruano en Londres (2006).

El poeta ecuatoriano Xavier Oquendo Troncoso escribió acerca de su poesía: “Amor y dolor; armonía y descalabro; la vida y la muerte y el pulso del corazón que galopa por la verdadera poesía: esa que dice siempre algo nuevo y no se detiene ni se oculta en la parafernalia de lo consabido, de lo no descubierto, de lo no puro. Paura es una voz afirmante en medio de la negación de la palabra labrada con la certeza y el aplomo. Por ello ya forma parte de la nueva y poderosa poesía de la emoción latinoamericana”.

 

 


De Como monedas viejas sobre la tierra (2011)

 

 


HEME AQUÍ

Heme aquí vacilante,
titilando como una lámpara a querosene.
Heme aquí dispersa,
arrimada a las brasas y al carbón
que te pintan de verde.
Así,
mis huesos formarán un montoncito de cenizas.
Así,
una voz se procreará indefinidamente.

Heme aquí transparentada
por una luz cenicienta,
lamiendo los dedos para contar las horas.
Así,
te esperaré con una flor bajo el brazo,
despetalando los juegos
que todavía persisten al principio del túnel.
Así,
con los ojos de una mosca miraré todos tus ojos.

 

 

CRUJE COMO MADERA SECA

Cruje como madera seca el alma.
Se arruga como un pañuelo.
Pinta su rostro de otro rostro.
Miente el alma.
Finge una voz inexistente.
Revienta como un volcán.
Huye.

 

 


ESTALLÓ LA HORA

Estalló la hora
en la que cantan
las venas de tu cuerpo.
Reviviendo un paseo agotado,
mirabas al camino como a una cárcel:
sólo la tierra bailando ante tus ojos.

Todo era un rito:
trepabas el muro para probar las flores,
hablabas desde el fondo del agua,
llamando a los astros
para iluminar tus grietas de sal.

 

 

 

SABOREANDO EL HIELO

Ahora,
las ruinas que recorríamos
son leves fantasmas amorosos.
(Fragancia de otros días).

Hay sal,
mucha sal.
Te queda el sabor extraño,
te camina la locura bajo los pies,
como gusano incesante te cosquillea el simétrico reloj.

Transitaste disperso,
como hoja al viento te pintaste de blanco,
papel,
arrugado papel que huelo sin disimulo
para recordar las fórmulas de nadar y rezar.
Hay un fragmento de realidad
aguardando en el último peldaño,
haciendo señas con los ojos,
saboreando el hielo,

sin agonizar
ni recalar en la arena de este sueño confuso.

 

 

 

MONEDAS

El camino podría ser una mentira,
aunque este sueño baldío
te ofrezca sombras para reposar.

Expones tu cuerpo a la caprichosa herrumbre
diseñada para instalarse aquí,
en tus manos temerosas.

No basta la quietud,
ni la luz de un insecto
puede horadar tus muros,
te adormeces buscando la verdad,
los versos caen
como monedas viejas
sobre la tierra.

 

 


TE ATRIBUYO EL TORRENTE DE MI SANGRE

Son las palabras
con su urgencia de viento
las que arremeten contra este cuerpo
cubierto de recuerdos vegetales.

El alma trata de quedar ilesa,
pero hay un huracán que sacude
hasta el rincón más oscuro de los zapatos.

Las cuencas del tiempo nos miran absortas,
preñadas de lluvia lista para deshojarnos con caricias maternales.
Será un sempiterno venir y caer de horas.
Mas no tiene remedio este reloj que canta los desvelos.

¡Qué urgida está la mañana con sus flores tenues y su pan fresco!

¿Cuál es la profundidad?:
nuestra piel envejecida,
nuestros papeles perdidos y desordenados,
nuestro accidentado recorrido por el día.

Las puertas que cruzas son como bocas ajenas a tu propio cuerpo.

En el viejo tejado no hay más que murmullos:
murmurios de palomas lánguidas
acontecidas por una campana de toques
geométricos.

No hay más que los labios mordidos por una erosión del lenguaje.

Lo profundo es esta voz cicatrizada y el ombligo extraño de mirada cíclope.

 

 

 

De Pez de piedra (2007)

 

 


PEZ DE PIEDRA UNO (fragmento)

Sé que estos huesos
me serán ajenos de pronto
y me son ajenos ya,
ahora,
cuando estoy más lejos de mi voz.


Para hablarnos,
para escarbar nuestras llanuras,
para rogar nuestras lluvias,
para dejar de ser un momento:
se quedará mi almohada
ligada para siempre
a tus pálpitos.

 

Una luz lejana invade los retratos de mis muertos,
me acongoja el paladar,
me florece la triste sílaba que no alumbra mi cabello,
me digo a mí misma estas cosas
que son siempre las mimas,
y son casi siempre el agua.
Cosas con las que voy a caminar por alguna calle reciente
en mi memoria.


No hay tristeza ni alegría:
hay un estar extraño que hace conmigo
lo que las migas de pan
cuando estoy lejos de casa.
Son los dones que quiebran las horas:
solitarias a veces,
solitarias nunca.

 

 


De Ritos de viaje (2002)

 

 

DEL AGUA (fragmento)


No sé cuál será mi estado natural
tal vez
el barro.

Ahora,
cuando estamos en el mismo tren
la misma olvidada camisa
será camisa papel
camisa de nada.


Que todo sea
como las olas lo sembraron.
No sé si soy yo.
Palpo mis pies rozando el empedrado.
Tuvimos que callar,
contar hasta el fin,
volver.


Materia mía
no estás en mí
sino en el aire
óvalo de vida
razón sin epitafio
baile de sombras que escriben sombras.

 

Tocar la puerta buscándome,
romper el ruido,
no estar.
Luego,
lo oscuro del olvido
mi cabello
mis manos en lo incierto del barro.

Que vuelva el tiempo,
las hojas que se queden en el amarillo del cielo.

Mi único ritual,
hablar ahora.
Un paso,
una elocuencia lógica
podemos acabar callados
olvidados en la misma recurrencia.


La sangre quiere añadirse a las horas
al tiempo horadado por rumores
de sombras maquilladas.
La sangre guarda en su lecho
un poco de flores.
Y una voz
repite nuestras voces en un eco remoto
que no habla
pero afirma el secreto de los días.

 

 


Del polvo


EL PRIMER FUEGO ARDERÁ

¿De qué lugar vendrá esta leña?
rastro de visitante tardío
que arrebata
                                  las olas.

Hay un solo cuerpo
coronado
                                 por la espera
visitante de las últimas cenizas.

El primer fuego arderá

la noche
                                 de tierra
húmedos los huesos
se abrirán abismos
                                        en el muro de sal.

Moriré al miedo
buscaré entre las piedras
un trozo
de tiempo.

 

 


EL MISTERIO DE LA HIERBA

Puede ser
el final de un poema.

Piedra
dormida
sombra hecha leña.

Camino por sendas
soy un recuerdo.

Miro al otro lado
                                  de la vieja puerta
deshilvanando el misterio de la hierba.

 

 


INSTANTE

Justo ahora
cuando la palabra ya no cabe
el eco de alguna flor amarilla
ha dejado de caer.

¿Acaso seremos lluvia?
Piel turbia de recuerdos.

Nada se escucha a esta hora.

Los rumores
han perdido la memoria.
Sombras,
pasos oscuros.
Lejanía de algún instante claro.

 

 

 

Del árbol y la arcilla azul azul (1989)

 

 

 


SILENCIO

Pienso en el silencio
que pudo estar entre mis manos
se fue a la arena
al rocío y al crepúsculo.

Se quedó en la mirada
de aquel que calla
y
dejó
sus huellas
en los que un día
fueron gaviotas
que caminaban sobre el agua
y dejaban
                                         caer
la prisa
con tanta prisa
que hoy
me duele el silencio.

 

 

ERES TÚ

Llovían tus anhelos
desde
torrentes
                               lejanos.

Sé que
tienes miedo
del tiempo que pasa
y no deja ser –siempre- el silencio
tu guía.

Sé que estás tejiendo
tu imagen con piedras
y tratas
de huir
de un muro de palabras
que encierran un mismo secreto.

 

 


DISTANCIA

Conversarías tal vez
con el humo confundido entre la niebla
después de ser fuego.

Tal vez
con otro poema,
con otra palabra.

No sé por qué presiento que tú eres distancia
y siendo distancia
eres camino
en ese tren eres el único vagón que viaja sin rumbo.

Vagón
yo te vi pisando las gotas de otoño,
sentí junto al verso el verdor de sus palabras.

Pero tú sigues caminando con tu piel harapos,
dejando traspasar tu rostro con ese polvo
que se dice tiempo.

 

 


APUNTE

Se ha quedado aquel hombre
-pensando tal vez-
en un vacío de luces
que no llena su vida.

Por sus venas está llorando
los días perdidos
porque en el horizonte
vio la otra cara del sol.

Aquel hombre se ha quedado
pensativo
después
de haber vivido
siempre sin pensar.

 

 

Paura Rodríguez Leytón (1973), poeta y periodista boliviana. Ha publicado Del Árbol y la arcilla azul azul (Argentina, 1989); Ritos de viaje (La Paz, 2004; Caracas, 2007, ed. digital); Pez de Piedra (La Paz, 2007);  Como monedas viejas sobre la tierra (Santa Cruz, 2012) y Deshilvanando el misterio de la hierba (Quito, 2014). 

Con Ritos de viaje obtuvo el Premio Nacional de Poesía convocado por el Gobierno Municipal de Sucre (1999).  Su poema Te atribuyo el torrente de mi sangre mereció el segundo Premio Internacional “César Vallejo” de la Casa del Poeta Peruano en Londres (2006). Poemas suyos han sido traducidos al francés, italiano, portugués y catalán.  

 Ha participado en lecturas, encuentros y festivales de poesía como Poetas del Mundo Latino, en México; el Encuentro Internacional de Poetas en Paralelo Cero en Ecuador y la Feria Internacional del Libro de Quito; el Festival de Poesía de Lima; la Feria del Libro de Buenos Aires; el Festival Internacional de Poesía de Granada, Nicaragua y Mujeres Poetas en la Ruta del Café del País de las Nubes en Colombia y el Festival Latinoamericano de Poesía en el Centro, en Buenos Aires. Participó en el VI Encuentro Internacional de Poesía de Ourense, España y el XVIII Encuentro Iberoamericano de Poetas en Salamanca. 

En 2013, la Unión Boliviana de Clubes del Libro premió su aporte literario con una Medalla al Mérito.

 

 

 


Fundación La Raíz Invertida
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