1814
27 Ene 2016 / 17:14 pm

 

Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971), nos presenta hoy una selección de poemas del libro Esperando a Perec (2015) publicado recientemente por Raffaelli editore.

“Es chileno, pero ha vivido en México y ahora en Italia. Tiene apellido de poeta neoclásico y, sin embargo, el carcaj de su poesía contiene flechas modernísimas que apuntan al corazón del siglo XXI. La belleza que habita en sus versos es diferente, acaso única. Está hecha de sorpresas, de juegos de lenguaje más o menos sofisticados (dependiendo del objetivo que se plantea en cada verso). Es la suya una poesía muy panamericana, muy telúrica, pero a la vez muy delicadamente surrealista. Sus poemas son como un cuadro de Magritte que se hubiera pintado allá en lo alto de la cordillera andina, en un nido de cóndores”.

Luis Alberto de Cuenca

 

 


El inconsciente es un manicomio
con vista al mar

Cada pez que sale del agua
trae camisa de fuerza

 

 

5

Vi al Papa despertando
de una horrible pesadilla
Dios le había contado
que leía a Rimbaud
Era año nuevo
El Papa dormía abrazado
a su Cristo de peluche

 

 

7

Vi a Dios besando a la muerte
en un café de París
Llevaba una barba de siglos
y un paraguas para espantar la soledad
Era verano
Su sombra se echaba viento
con la oreja de van Gogh

 

 

9

Vi a las gordas de Botero en la cama de Dios
La cama era de agua
Llovía a gritos
Dios no estaba esa noche
andaba reconociendo el cadáver de su hijo

 

 

11

Vi a la muerte llorar en el entierro de Cervantes
La gente gritaba: “Compañero Miguel”
“Presente”, decían los gusanos
mientras lo bajaban a su última morada
A pocos metros de ahí cremaban el cadáver de Dios

 

 

13

Vi a Marilyn Monroe dando de mamar a su sombra
tenía los pechos tristes
y usaba camisa de fuerza para dormir
Se había tatuado en la espalda algo revelador
También Dios fue mi amante

 

 

18

Vi a Dios llevarse los juguetes
de mi hijo
Él no tuvo infancia
me dijo la muerte en un sueño
Los entierra en una fosa
junto a los huesos de su madre

 

 

20

Vi a Caperucita perdida en el bosque
Tenía treinta años
y el traje le quedaba estrecho
El Lobo y La Abuelita la esperaban
en el más allá
Estoy vieja para esto, se dijo
ya nadie me recuerda
El mundo es ancho y ajeno
como este bosque donde he de morir
Sólo me queda una capa roída
y una cesta donde llevo los huesos de Dios

 

 

21

Vi un ovni cruzar los cielos de Jerusalén
el mismo instante que bajaban mi cuerpo
                  del Calvario
La tierra oscurecía de presagios
Mi madre rezaba en lengua extraña
Los niños jugaban a crucificarse
Las luces de neón eran palomas ciegas
                   en un desierto de sal
Alguien arrastraba el cadáver de Judas
Alguien lanzaba monedas desde una nube
                   a pedales
Los gritos del vendedor de clavos asustaban
                   al centurión
Pedro escribía su epitafio en una cruz de pan
Mi madre ya no rezaba en lengua extraña
y ahora limpiaba mis llagas con agua bendita
María Magdalena había desaparecido
Se la llevaron los ovnis, me dijo el buen ladrón
a ese cielo te referías

 

 

24

Vi a Picasso montado en un caballo verde
llevaba camisa de fuerza y una máscara africana
Sus mujeres lo seguían (a pie) por un desierto de sal
cargaban sus cuadros al hombro y un paraguas
                    de Matisse
El caballo lucía una extraña peluca
sus patas ortopédicas se abrían hacia todos lados
desesperando a Picasso que lo golpeaba con un palo
                    de ceniza
Aburrido bajó del caballo
y comenzó a trazar en el suelo figuras amorfas
líneas arrancadas de un alfabeto imposible
Aquí cavaré la tumba de Dios, se dijo
los gusanos jamás me perdonarán
Y ordenó a sus mujeres cortarse las venas
mientras él pintaba su caballo de eternidad

 

 

28

Los viajes de la diligencia son todos al más allá
Tendrán flechas suficientes los apaches?


Vi a John Wayne arriba de la diligencia
Disparaba a todo lo que se movía
Lejos del alcance de las balas
los indios le cantaban el cumpleaños feliz

 

 

31

Vi a Tarzán en silla de ruedas
sus gritos se oían en todo el manicomio
De noche veía leones en los pasillos
mandriles en los barrotes de las celdas
serpientes bajo su cama
Le decía Jane a todas las enfermeras
Mientras salía al patio la selva cobraba vida
Los pacientes semejaban cazadores furtivos
negros con sus lanzas afiladas
Y cuando al fin cerraba los ojos
extraños gorilas irrumpían en su habitación
le ponían camisa de fuerza
le aplicaban electroshock
y lo portaban en hombros al país de los enanos
donde nuevas aventuras lo esperaban
junto a ríos perfumados de cocodrilos

 

 

32

Vi a Kafka en el cuarto de los juguetes
Conducía un tren infinito
sobre rieles que parecían anguilas
Bajo la cama otro niño desarmaba
una oruga fluorescente
la oruga tenía el rostro de Kafka
también los muebles, los relojes
las paredes tenían su rostro
las arañas aburridas en sus telas
los juguetes en la habitación
El único que no tenía el rostro de Kafka
era el propio Kafka cuyo rostro
semejaba una página en blanco

 

 

40

Vi a Dios por el espejo retrovisor
mientras salíamos de un túnel transparente
Viajábamos a toda velocidad
vestidos para una fiesta de cenizas
Cada quien llevaba una máscara
y una piedra atada al cuello
para lanzarnos en el primer río
Vagamos toda la noche por un desierto de sal
delirando con la tierra prometida
En el asiento trasero las musas bostezaban
sacaban sus pechos por la ventana
como si fueran restos arqueológicos
Los gatos que olvidamos en la guantera
nos habían predicho el futuro
Ninguno verá el amanecer, confesaron
con una certeza que nos paraba los pelos
En la última gasolinera compramos tabaco
y alimentamos a los gatos antes de abandonarlos
Maullaban a un lado del camino
cuando encendimos motores
La luna era una trenza de ajo
pegada al parabrisas
las estrellas semejaban estacas
que añoraban nuestro corazón
Con los primeros rayos de luz
comenzamos a desaparecer
Razón tenían los gatos, dije
subiendo el volumen de la radio
mientras veía a los Sex Pistols
por el espejo retrovisor

 

 

43

Vi el cadáver de Dios
pastando en la eternidad

 

 

Mario Meléndez
Esperando a Perec
Raffaelli editore
Derechos reservados
Rímini, Italia, 2015

 

 

Mario Meléndez (Linares, Chile, 1971). Entre sus libros figuran: Vuelo subterráneo, El circo de papel, La muerte tiene los días contados y Esperando a Perec. En 2014 una selección de su obra apareció en la prestigiosa revista italiana Poesia, y en 2015 es incluido en la antología El canon abierto. Última poesía en español (Visor, Madrid). Sus poemas han sido traducidos a diversos idiomas. También ha publicado importantes compilaciones, entre las cuales destacan: Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982 (UNAM, 2012), Antologia di poesia breve latinoamericana (Italia, 2015), Giovane poesia latinoamericana (Italia, 2015), y las antologías de Oscar Hahn Trattato di sortilegi (Italia, 2013) y Hahn. Antología poética (Puerto Rico, 2015). Es colaborador frecuente de reconocidas revistas electrónicas como Ómnibus de España, Triplov de Portugal y Círculo de poesía en México. El año 2013 recibió la medalla del Presidente de la República Italiana. Actualmente reside en Italia.

 

 

 


Fundación La Raíz Invertida
Derechos Reservados Fundación La Raíz Invertida 2015

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