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05 Nov 2015 / 10:34 am

 

Nota y selección de poemas por José Amín Suárez*

 

El pasado 7 de junio se cumplió el quincuagésimo aniversario del fallecimiento del poeta colombiano Julián Polanía Pérez, nacido en Palermo, Huila, en el año 1933 y fallecido en Bogotá, en 1965, a causa de las graves heridas sufridas en un accidente de tránsito.

Huérfano de madre desde los dos años de edad (en su poema de 1951, a propósito de la partida de su hermano a la Guerra de Corea, dirá: ‹‹Y mi madre vencida a su espalda la lleva/como una [sic] arpa ya muda, muda, muda!››), creció bajo el cuidado del padre a quien demostró, apenas cursando la primaria, que su interés por el conocimiento iba en serio; fascinado con la enciclopedia de 20 tomos de un vecino, logró la aprobación para efectuar el cambio de ella por una vaca que le pertenecía.

En la secundaria su inventiva y rebeldía particulares lo llevarán a la expulsión de dos colegios católicos antes de encontrar en el Santa Librada de Neiva el ambiente artístico y cultural apropiados para su gusto. Sin embargo, a mitad del grado cuarto decidió retirarse para siempre.

A partir de entonces vivirá un cúmulo de experiencias en diferentes escenarios: la edición en colaboración con otros cinco jóvenes de un boletín cultural llamado El Jacobino, en el que incluye un poema suyo; su partida al año siguiente hacia el llano como soldado regular; su regreso al Huila por un breve periodo de tiempo para luego intentar infructuosamente radicarse en Bogotá y su vinculación nuevamente al ejército como empleado adjunto del comando, hasta finales de 1957,conformaron su periplo vital antes de fundar, junto a cinco autores más, el grupo Papelípolas, que lanzaría su primer manifiesto en el Festival de Poesía Colombiana, realizado en mayo de 1958. En septiembre, se efectuará la publicación de su poemario Noción de pesadumbre que abrirá la trunca “colección Papelípola”. En adelante alternará su labor creativa con el ejercicio de la política y, posteriormente, con su trabajo al frente de la personería municipal, primero, y las Empresas Públicas de Neiva, después. Ostentando la gerencia de ésta institución sobrevino su muerte.

Con su partida se silenció una voz que –según Martha Cecilia Cedeño- se avizoraba aportadora. En sus poemas mejor logrados, el ritmo se construye a partir de la confluencia de versos de diferente medida en los que la rima pasa casi siempre al olvido. Inquietudes y sentencias aforísticas se van sumando, permeadas de nostalgia y pesadumbre que conllevan al desconcierto, inevitable punto de llegada para un yo poético testigo de incontables hechos de violencia. El influjo de Sartre, Nietzsche, Barba Jacob y la búsqueda de nuevos sentidos en los valores culturales se perciben en ellos. A cincuenta años de su desaparición, sus textos y los de los otros Papelípolas (Gustavo Andrade, Rubén Morales, Darío Silva, Ángel Sierra y Luis Ernesto Luna) esperan al lector que les asigne un lugar en la literatura colombiana.

Otra de sus obras es: Narración de los rostros vivientes (1963)   

 

 

 

El poeta escribe una carta al recuerdo del paisaje nativo

 

                                                Al Dr. Marcos Puyo Riveros

 

 

Herido de canción voy a cantarte, Huila,

pequeña patria lejana,

himno sagrado de mis primeras banderas,

musical hidrografía de mi río gigante,

hogar de mi ley adolescente,

ruta y muralla de mis cuitas,

patio y altura de mis voces románticas

en las noches fecundas de conciertos y amor,

exilio gigante del viajero juglar.

 

Herido de amor por tanta lágrima,

por tanto cielo y horizonte de alas.

Por todo lo que hay en tu joven geografía,

por la sangre de Avirama,

por la mueca y la máscara de todas tus estatuas,

por todo lo que brilla en la tarde de tus rutas hidrográficas:

 

desde la piel azul de tus montañas

hasta el árido paisaje de tu Norte,

todo lo que hay de nato en tu cintura,

lo que viene a alimentar mi sed enorme

que tengo de vivir en tus llanuras.

 

Cansado de canción y amor

yo te dibujo en mi bandera herida.

Traigo hasta mí las aguas de tu río

navegando en los siglos de tu estancia.

El líquido heraldo de la raza

que trajo la espada vascongada

y el huracán de una estirpe aventurera.

 

Yo nací sobre ti, donde la Patria camina por la sangre,

donde la tierra es un abrazo entre los árboles

para la piel agraria de los hombres.

 

De ti vengo un mucho triste

alejándome al recuerdo que me espera

de la patria pequeña con su lápida de agrarias escrituras.

De tardes como términos,

de noches como músicas,

de llanos como palmas sin gloria ni estatura,

de nubes como siglos,

de prados como telas,

de garzas como arados del aire y de la estela,

de rutas como amores,

de amores como niñas,

de sangres y dulzuras como tardes y praderas,

de muchachas como himnos y de novias como cantos,

de almas, como Betty, que aprietan la garganta

cuando crecen las raíces en el canto.

 

Yo recuerdo en este canto la historia de tus viajes:

a San Agustín guardiando el alarido de la raza,

Pitalito con su valle de eucaliptus,

Elías, pedagógica heredad,

Timaná, testigo de epopeyas,

Rivera en la patria del soneto,

Yaguará iluminada de agraria vocación,

Palermo y su ancestro de paisaje,

Garzón la diocesana,

 

Neiva en el poema de sus hembras,

y Campoalegre en su hogar de las palmeras!

Por todo eso y por más te canto

pequeña dimensión de patria.

Porque acabo de andar tu arquitectura

he traído conmigo la palabra

la voz y la canción con que te hablo

para sentirme más en tu paisaje de Tierra Prometida!

 

 

 

Evangelio del silencio meditado

 

La propiedad de la luz, es la tristeza

que busca claridades;

 

sólo las meditaciones pueden penetrar

en el castillo del aire;

 

allí en esa antigua edificación de piedra

está escrito mi nombre de poeta;

 

la tristeza es mi casa secular; la meditación

es mi certeza.

 

Cuando queráis buscarme –y yo sé

que vosotros no lo haréis-

 

preguntad primero a donde llega

el aire de los bosques mudos;

 

porque allí, donde habitaba la palabra

de los naranjos, nací;

 

y allí creció mi voz con sus espantos,

y yo tampoco sé qué ruta tuvo;

 

¿no creéis acaso que por hablar de pesadumbres

me hice prisionero de la luz?

 

Solamente la noche necesita de la luz;

y en esta antigua casa de nocturnos, vivo;

 

ubicada en los patios de la lágrima,

la noche anda como un río;

 

buscad la hoja seca que lleva la corriente,

y allí estaré;

 

allí, en el espacio que sólo los silencios

pueden abrazar;

 

en la superficie inadvertida

de los humildes actos suplicantes;

 

en la paz rebelde de las cortezas,

que solamente mi corazón alumbra.

Yo puedo decantar lo que las alas no tocan,

lo que justifica el vuelo;

 

lo que brilla es la distancia

entre las hojas y sus alas;

 

en los pies de un albatros,

siempre hay un mensaje de raíces;

 

yo siempre he dicho que las aves vuelan

para decir su llanto.

 

La paz es rebelde, y la tristeza muda.

No toquéis más el pensamiento.

 

 

Un domingo como sombra

 

A la memoria de Antoine Roquentin

 

 

El domingo tiene eternidades lujosas

para adornar soledades;

tiene silencios como siempres,

y con su voz de alambre guitarrero

está detrás de mí, agonizando,

con un vulgar aliento de pantano.

 

El domingo es una especie

de náusea terrestre,

telúrica, intransigente.

El domingo arruina la alegría

de toda la gente.

 

Si no fuera domingo,

el domingo haría milagros

con nosotros los poetas,

con las palmas, con los frutos,

con los borrachos y los enemigos.

 

El domingo es un lujo de eternidades

son soledades como adorno;

un monstruo torpe, entristecido,

El domingo tiene una forma

de enemigo casi lejano,

de mujer casi misterio…!

 

 

 Las lámparas amargas

 

Para Reynaldo Polanía Polanía

 

 

Cuando pienso que la vida es una memoria invencible:

areópago de sueños por lo alto

de todas las miradas y todos los espantos;

cuando pienso que los hombres son paisajes,

como guías en viajes siderales,

dinámicas raíces de árboles mundiales;

cuando llego hasta la tumba de mis pensamientos

y me encuentro a Dios jugando con mis cantos

como al alma en medio de las palabras;

apenas siento que se tiñe de azul un pensamiento,

o edifican de rojo un hospital

para indicar la ruta del quebranto;

cuando creo haber llegado hasta la luz

habiendo apenas tocado lo finito;

cuando experimento epidermis de latido

en medio de mi canto y de mi sangre universales;

cuando pienso que los hombres apenas han vivido

entonces las huidas se colman en los puertos

y anclan en los muelles los barcos de la muerte.

 

Siempre que la Libertad redime los mediocres

y la palabra inunda los vientres de la infamia

redimiendo la herida de los reinos;

siempre que el mito de las multitudes

sacrifica la epidermis de las lágrimas

para justificar el tibio afán de los patanes;

entonces llaman canto a los disparos

y Dios no es más que un eco de quejidos.

Entonces los poetas se ufanan de su llanto

habiendo apenas golpeado sus gemidos.

Las madres se acostumbran a la farsa

en  la aventura de nuevos continentes

que satisfagan el quebranto de sus hijos.

Entonces el puerto de las almas

sólo encuentra el campanario de las quejas

y el faro de los dioses ya perdidos.

 

Cuando decido conquistar las catedrales

con sus voces seculares y nocturnas;

Cuando el tradicional alarido de los salmos

vibra en el mirar contemplativo

igual que el rito de los dioses sanguinarios;

entonces se llena de angustia inagotable

la frontera de todos nuestros místicos acervos.

Cuando pienso que la acción es propiedad de la materia

y que la ruta espiritual es un camino

que conduce al Absurdo y al Espanto;

entonces se colma de inmutables transparencias

el lindero de la música y el Mito.

 

(Porque siempre que creemos estar junto a la vida

Solamente queremos trascender el puente del vacío.)

 

 

Avirama

 

Detrás del tiempo, de la luz y de las sombras

junto al río grande y en presencia de la historia

el hijo de la India, el gigante Avirama

está completando la creación del poema.

 

La espiral combativa de su esencia continua

su ruta de estar encendido de América,

es la claridad histórica que ofreció en silencio

para castigar una estirpe aventurera.

 

Avirama es el sello del discurso y la encomienda,

del mensaje gigante, de la fuerza cósmica

que edifica la antigua realidad de América.

 

Es la historia solemne, su piedra migratoria

el aroma milenario del incendio de la raza,

la ruta de estar corriendo hacia la patria,

para estar ungido siempre de destino y de poema.

 

Avirama es un rito, y es una permanencia,

llamarada que alumbra la dimensión de América.

 

 

Poema trascendente

 

                        A Gustavo Andrade Rivera

 

Hay horas en que odiamos el reposo

y al alma abrazamos con la huida;

horas de rebelde calma entristecida,

callado sospechar, y odiado gozo.

 

Momentos de mutismo perezoso

que llenamos de silencios y vacíos.

Minutos desanclados en navíos

transitando la ruta del sollozo.

 

Hay horas de tristeza sonreída

dilatadas en espanto y en asombro;

espacios de la estancia frutecida

 

en tierra del amor ya clausurado,

palabras persuadidas de vendimia

apurando los instantes de la vida.

 

 

Narración de los rostros vivientes

            (Fragmento)

 

 

II

 

¿Dónde están los rostros que aviven la

vocación del viento?

Nuestros pasos están hechos para atisbar

los sueños de las plantas; para cancelar

el destino de los párpados rudos.

¿De dónde vinieron los rostros vivientes

que se alzaron en la noche de los años?

Que se alzaron como espiga ojival

sobre los tiempos del hombre; esos rostros

que aún viven fatigados, abajo, muy abajo,

abajo en la máscara muda.

Viajen a la holgura del día todas las figuras

del hombre que aún vive; ¡viajen!

No hacia los dioses únicos, ¡sino a la única

divinidad!

¡Hacia el día viajen los rostros vivientes!

 

 

Son raza de búhos

 

Son raza de búhos

con una voluntad que no es humana.

En su apariencia

crece el destino de las almas muertas;

el hábito de monjes malditos

rezando el dolor.

 

Siempre callan. Como los cuervos.

Con la piedad andan

hermanados de la tarde y la noche,

regados como granza blanca

por los pasillos del mundo.

“Los pobrecitos”, dicen

inclinando la mirada

alejándose, sintiéndolos.

Al andar miran como tímidas aves

el tintineo del Ángelus

y la devoción del crepúsculo.

 

Es el estío de sus almas

cuando sus plantas hallan

las baldosas de los atrios

 

                                          en el dejo

y la expresión de sus cuerpos alejados.

 

Todos miran hacia adentro

el recuerdo sucio de sus alas,

el vuelo

que abrumaron las serpientes y la noche.

 

Esconden las palabras,

se divorcian de los actos,

y dejando caer las hojas en el pasto;

habitan el subsuelo

para salir de nuevo al mundo

a murmurar su poema,

a caminar con la dulzura del Albatros.

 

***

 

 

JOSÉ AMIN SUÁREZ - Licenciado en Humanidades y Lengua Castellana de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá; docente de primaria en zona rural de Palermo, Huila; y aspirante a Magíster en Literatura de la Universidad de Pereira.


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