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25 Oct 2015 / 12:55 pm

Fátima Vélez obtuvo el primer puesto en el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá 2015 con su libro Diseño de interiores. Por motivos administrativos el premio no le fue concedido. En esta ocasión la autora ha hecho una generosa selección de algunos poemas del libro. Reunidas en torno a su mérito y labor, cinco lectoras decidimos darles la atención que se merecen e invitar a otros a su lectura.

 

***

 

El diseño de interiores es un oficio que se ocupa de la personalización y adecuación de espacios, es una tarea que pone en juego la creatividad para proponer maneras de habitar los lugares privados. Los poemas de Fátima que hacen parte de esta selección nos presentan una mirada de la vida contemporánea, a partir de la forma en que habitamos esos lugares, sus poemas actúan como el zoom de las cámaras fotográficas, dando cuenta de lo que escapa a la vista por insignificante o invisibilizado. Estos poemas nos hablan desde la dignidad de las cosas cotidianas, nos invitan a recorrer los arduos y / estrechos y/ húmedos/ caminos de la existencia, que son también el arroz que se quema, mugre coagulado en un sifón, horas percudidas en la cortina de baño.

Carolina Dávila

 

La casa también fue infancia y en ella convivieron los sueños infantiles, los corredores decorados con marcas de crayón, el grito, el juego, la maternidad, la vida. Fátima toma el riesgo de invitar al lector a atravesar las puertas de esta casa, el riesgo de dibujar el paisaje interior, el riesgo de no habitar los elevados lugares del lenguaje. A partir de lo habitual abre las ventanas, devela las fotografías del común y nos invita a ser espectadores de las esquinas invisibles; del iceberg que alberga lo cotidiano.

Jenny Bernal

 


De la casa, después de que el aliento humano la abandona, nada queda. Mientras se le habita es un cuerpo de leyes propias que palpita y de muchas formas oculta y hiere. Su realidad de tiempo y espacio se mide en rincones, puertas que se abren, se cierran y sótanos por donde se mueve la luz, como la voz, misteriosa y rotunda. Los poemas de Fátima Vélez intentan encontrarle las venas a esa casa en la que están contenidos el tiempo pretérito y presente, pero no el futuro. Dentro de ella se dice el ser fundido a los objetos que pueblan la cotidianidad para tejer la vida. Una geografía oscura se presiente tras lo visible cuando la casa revela su espesura que se debate entre lo humano, lo animal y lo monstruoso. Vélez dice: pero ojo/no debemos/ acercarnos demasiado a los rincones/los rincones/absorben/y hacen/desaparecer/cosas/ y gente.
La atmósfera de la casa y de los poemas, envuelve al lector en un estado sin sosiego en donde lo cotidiano entra en el terreno de lo sobrenatural, a pesar de que el lenguaje que sostiene los textos es simple, coloquial y a veces sin mayor gracia. Es posible que esto sea una de sus virtudes. Lo que se menciona es un universo de objetos y criaturas extraviadas que se encuentran casi siempre en el sótano, metáfora quizá de la memoria. Allí llega la palabra, arqueología también, que en el caso de estos poemas es desocultamiento, no búsqueda de mesura u orden.

Camila Charry

 


Los poemas de Fátima Vélez se resisten a ser un espacio seguro y protegido, una morada, y en vez deambulan por los espacios domésticos y salvajes que nos habitan, y que fácilmente se confunden—una casa embrujada. Desde un lugar muy cercano a este, Emily Dickinson escribió en una carta que la naturaleza es una mansión embrujada, mientras que el arte es una mansión que tratamos de embrujar. Fátima asume esta labor de distintas maneras. Su uso de un yo lírico espectral es una de ellas. Este se presenta como una ficción que se transforma y desaparece entre un poema y otro. Sin embargo, los poemas están articulados por un tono íntimo que araña las diversas ficciones con las uñas largas de una vida personal. Este tono no arrastra consigo el drama romántico del yo que añora unidad y armonía; en su lugar nos muestra con simpleza que hoy en día existir (como embrujar una casa) tiene una técnica: el montaje. ¿No es así, acaso, como la poeta describe a Frida Khalo?: “pero si Frida Khalo no existió/ahora vas a decir que te crees ese cuento/ (…) Frida Khalo/ debe ser/ una manera de nombrar/la sensación de estar/a punto de recibir un golpe seco/con un vestido bordado /debe ser /la acción de empujar las cosas/por detrás/hacerlas chocar contra la vida/hasta sacar lo que hay de entraña/en ellas”.

Tania Ganitsky

 


La poesía de Fátima Vélez Giraldo es como escribe en uno de sus poemas, “…empujar las cosas / por detrás / hacerlas chocar contra la vida / hasta sacar lo que hay de entraña en ellas. “. Esta sentencia justifica a mi modo de ver todos estos años de pudor y silencio público, su búsqueda en el oficio, y es uno de los mayores logros de su poesía. Fátima se mueve en varios niveles de lenguaje: en uno están la casa, los niños, los animales, el sexo, el amor, en fin, lo cotidiano con sus nimios sucesos descritos con un lenguaje de apariencia directa y coloquial. En el otro, esa misma realidad aparece complejizada por el lenguaje pues siempre perfila un “algo” que nos perturba. Puede ser una verdad, un pirata a veces Carlos a veces Pedro, un pálpito, una marea, una raíz, una piedra, una cucaracha o simplemente aquello que siempre está y nunca encaja. Leer a Fátima no es conocer su vida ni ir tras la anécdota. Es reconocer su rastro en la escritura.

María Tabares

 

 

Diseño de Interiores


la casa

digan casa
más duro
hasta la punta
cualquier punta
de la nariz al cordón de los zapatos
entonen rujan bramen truenen ladren
con ganas
pico monto un dos tres por mí en el verde limón
salten
hasta la existencia de algo
trompo y el primer ladrillo
golosa y un escalón
caucho americano y la baranda del segundo piso
parqués y la alfombra verde amamanta polvo
eso, así, más duro
que se escuche

digan casa, niños
con sótano y pellejo de miedo a las cositas que pueden despertarse en presencia de extraños
periódicos amarillenta oscuridad una luz y una vista de aire vientos tanto espacio jardín trazos de hormigas piso piedra
                            piso moho
donde desenrollar este yoyo
donde montar el triciclo que encontramos en la calle

digan casa, niños
y es de notar que la casa entra
por la puerta y la espera
y desfila su cola de ardilla
y la enrosca por piernas y bordes

en menos de un descuido
entre la suela de unas botas
la casa
cruje brama aúlla truena maúlla ladra
ojos azabache
pupilas dilatadas

suéltenla de una vez
queridos niños
no es bueno ser temido
por el lugar donde soñamos

 


mudanza

del blanco sacudimos
los rastros de pintura
tras los secretos
que nadie le preguntó a las paredes
si querían escuchar

pronunciamos la palabra
y la rutina no se forma
no descurte esta nata amarilla

debes haberla pronunciado mal
no, así la he dicho siempre
¿cómo?
con el mismo tono
de
Niños
a la cama
ya

Déjame a mí
No

sácanos
de las maletas
ordénanos
en las repisas

ropa poca
libros
los necesarios
inhalaciones
ninguno las contó
cosas livianas
no vaya en un descuido
a crecer una raíz

sobre el Tenemos casa, Tenemos casa
crujen las tablas
podríamos perforar con esta dicha
que no embalsama para-siempres
pero nos hace creer que siempre
no es una distancia tan amplia
como nos la han pintado


ahora a hacer café
en el centro
en el frío
de una casa
sin ollas

para los niños
una buena ración de cereal
el que les gusta
así nos salga caro

más tarde
la llamada
queremos luz
queremos fuego
¿nombre?
¿dirección?
¿código postal?

comprobamos
que la luz es buena
que la oscuridad se ocupa de los miedos
y nosotros de nuestra casa

pero ojo
no debemos
acercarnos demasiado a los rincones
los rincones
absorben
y hacen
desaparecer
cosas
y gente

No les metas cuentos

No son cuentos

queda un sótano por explorar
si bajan
y halan la cuerda
tal vez se prenda un nervio
niños no griten
y ellos gritan igual
dicen
aaahhh
y ahhhhh
responde
también se puede hacer de la voz una pelota
y ellos que se quejan
de no tener juguetes

 


sótano

que quieres quitar de ahí
las telarañas
las capas de moho
inténtalo
a ver si no aparece de pronto la olla
con el arroz pegado
los guantes amarillos
que protegen
del jabón quitagrasa que te agrieta la piel
y en el silencio
de quien lava platos y olvida poner música
el poema se tararea solo
como si tuviera pies
y quisiera hacer de ti un salto
es
no cabe duda
ese que dice que se llegó al final de la carrera
y el premio es otra carrera

y si el premio es mugre coagulado en un sifón
y si todo fondo no es más que horas percudidas en la cortina de baño
la sala donde la luz pega directamente en el reflejo de la infancia
donde también el tema con la luz es cosa seria

los niños
sus deseos
su canto de sirena
que tratan de arrastrarte
a la inacción
a no ser
otra cosa
que calor atemporal

su belleza
que crece
sobre filo
en tu garganta
raíz
que no se ve en ningún espejo
pero sabes
si no la cuidas
no la riegas
no la podas
recuerda
poner papel conciencia en las paredes
quien se ha cortado con papel sabe
lo que guarda en sus bordes el blanco

 

vox

andas oyendo el dictado de la olla que hierve
una voz de alimentos congelados que han perdido su valor nutricional
dice que tal vez puedas hacer de su forma un sabor organizado

andas oyendo el dictado de la olla que hierve
una voz de alimentos orgánicos que han ascendido en su valor comercial
dice que tal vez puedas hacer del sabor un terciopelo

andas oyendo el dictado de la olla que hierve
una voz glifosata confundida con valor nutricional
habla en una lengua que no entiendes

andas oyendo el dictado de la olla que hierve
una voz de cadáver que va soltando en grasa su valor nutricional
dice que tal vez puedas hacer de su forma un guiso de dignidad para chuparse los dedos

 


señal

uno de los personajes del libro es una tostada con ojos
el niño pregunta si las personas del libro saben que la tostada tiene ojos
corrige
pregunta si los humanos del libro pueden verle los ojos a la tostada
la madre responde que seguramente no
si se los vieran no se la querrían comer
en cambio, si la tostada sonríe
ningún hombre podrá comérsela
no se come carne de aquello que sonríe

 


mapaches

un abrigo caliente
si es posible peludo
para anidar el
festivo de otoño
el hueco
en la rutina
a veces
en el abrigo
a veces
ese a veces
arbitrario
pacta
con la ciudad
arbitraria
dejo que tomen
lo que quieran
con tal de darme un techo

escurro
sólo quedan dos gotas que no son iguales, porque las gotas nunca son iguales, y aparece una niña antigua que dice en inglés cojo y con acento, My finger is my finger and my finger is my shape, y luego dice Cuidado, que también la ciudad da mujeres que olvidan tener cuerpos y brazos y manos

hueca
te olvidas
que prometiste no
hablar de ti
en segunda persona

y en qué lengua hablar
a la altura de la 77
bajo la estatua de Cristóbal Colón
el día de Cristóbal Colón


13 de octubre de 1614
-13 de octubre de 2014

______________________

                           -400

ya decía que soy de menos
otras épocas
descubro
como
alguien
antes descubrió
tierra nueva
que la felicidad
tiene piel de mapache

 


Girasoles

David Uribe y yo
cogidos de la mano
caminamos
al ritmo del polvo
arrancado a las piedras
y las piedras
tan quietas
como sólo puede hacerlo el gris
con esa belleza
del que no necesita

vestido corto de cargaderas metálicas
y girasoles dentro de girasoles
moviéndose
brillando
al aire
a la luz
de nuestros diez años

su mano gruesa suda

se escurre la vergüenza
por los vellos aún tenues
y desde la entrepierna
la sensación
se recrea tan tierna
que debo usar la palabra rocío

David Uribe
el gordo de la clase
con sus ojos azules
como el manto de la Virgen de Fátima
a quien yo temía
hasta orinarme

David Uribe
y yo
y sus ojos azules
y su mano
agarrada a la mía
encogiéndome el corazón
hasta la duda

a la altura de mi pecho
un girasol se marchita
con la agilidad
de los caballos al galope

 


mi nacimiento (1932)

*
entre rasgar de sábanas
entre dolor y luz
unas piernas abiertas
una cabeza
nace

alguien pregunta
desde un lugar del cuarto
que no podemos ver
¿es niño?
no
¿es niña?
no
¿qué es entonces?
es el amor que nació muerto entre nosotros


**
perdona
por hacerte recorrer
los arduos y
estrechos y
húmedos
caminos de la existencia
por inquietar tu serenidad
por volcarla en
-quiero decir vacío
pero el vacío
estorba

tarde o temprano
me lo agradecerás
saltarás de alegría
en tu no ser
como saltan los niños
en sus camas
si hay golpe no te dolerá
doblemente
por haber sido advertido
que no saltaras
que podías caerte
hacerte daño

nada formado en ti
para que algo sientas
cabeza hueca
dentro de
cuarto hueco
dentro de
mundo hueco

y sin embargo
desangras
y la sábana es blanca
y el contraste caliente

***

dices que la pared del cuarto es azul
que la sábana es azul
no te das cuenta
que el azul
es la blancura desbordada del blanco

****
pero si Frida Khalo no existió
ahora vas a decir
que te crees ese cuento
de una llaga de dolor
en un rostro
de bigote
y patillas
coronado de flores

Frida Khalo
debe ser
una manera de nombrar
la sensación de estar
a punto de recibir un golpe seco
con un vestido bordado

debe ser
la acción de empujar las cosas
por detrás
hacerlas chocar contra la vida
hasta sacar lo que hay de entraña en ellas.

 


después de todo

tus ojos

piedras azules
no
aguja enterrada
sobre la piel
del color azul

yo

muro con pájaro atacado
por niños sedientos
de impotencia animal

me cuentas la historia
-tú y tus historias-
de los asesinos
de la Segunda Guerra Mundial
que eran pocos
dices
los elegidos
dices
perdían el dedo índice de tanto disparar
el dedo no soporta el peso
-¿del arma o de la culpa?-

va dejándose caer
dejándose no
el dedo no se deja caer
el dedo cae
la pregunta es
a quién le duele más
¿al dedo o al cuerpo?

a mí

no te creo
dices
insisto
estoy a punto de perder algo
será el peso de tu culpa
será
que me estás perdiendo

eres una basura
dices
y estrellas las palabras
contra la silla de madera
que compraste
en el mercado de las pulgas

me pregunto si la muerte tendrá un sonido
si podrá condensarse en objeto
y venderse en el mercado de las pulgas
el lugar
de donde sacas
los objetos que acumulas
con los que tropiezas tu rabia
hasta hacer sonar
la muerte que hay en ellos

sobre el calor que dejan tus palabras
lágrimas
sobre las lágrimas
no llores
sobre el no llores
esto no vale nada para mí
nunca ha valido nada
no podrás
eres débil

soy débil
y he dejado libre su lado más feroz
este es mi hombre
de metales y fuego

entonces
por eso la textura
violencia contenida hasta el vidrio
tan frágil
ante cualquier descuido
cualquier muestra de desamor

cuando nuestras manos se unieron
sobre la llama de una vela
creímos en la fuerza del roce

no había inquietud que no pudiera resolverse en la mirada, al amanecer decías amarillo y los guayacanes florecían por segunda vez, libres de culpa, no temblábamos por una razón distinta a la cafeína, el orden resultaba una criatura soberbia que uno no podía dejar de mirar a los ojos

quién iba a pensar que había aire
para incubar los huevos del hastío
cómo imaginar que estaba
desplegando raíces
ganando terreno
haciendo pactos secretos con
nuestro lado oscuro
hasta convertirnos en este tipo de parejas
que hacen que me sorprenda
la gente que se quiere de verdad

yo no te imaginaba
pidiéndome de vuelta lo que me diste con amor
la ruana
la silla que tejiste
y la foto que me regalaste de ti
a los 18
en la cima de la montaña
la sonrisa de viajero
y una nube atravesándote los brazos
haciéndote ángel
augurándote
que sólo te tendrías a ti
para protegerte de ti mismo

no quiero estar más contigo
dices
mi cuerpo está enfermo de ti
no lograrás nada
you’re bullshit
bullshit

empezaré un poema así
digo

un poema en el que hablaré sobre basura
dices que te malinterpreto
que altero tus palabras
es que
lindo
las palabras nunca son como las dices
son como saben en el paladar
y la palabra basura
uno la pronuncia
y los lixiviados
salen
mira
¿ves el líquido?
toma un poco
como antes
tomabas de mi orgasmo

perdidos uno a uno los dedos
no queda nada por traspasar
y aún así mañana habrá otro día

en la calle
al calor de la huida
las palabras retumban
se arrinconan
listas
para una hoguera
las hago arder
como el silencio nunca supo hacerlo
por más animal revolcándose en su quietud
por más disparo despejando el aire de la noche

 

el insomne

escondiéndose por partes
en amistad con el comején
ayudándole a tejer a las arañas
hasta tomar posición
que no hubo hueso
ni carnada
para tentar su hambre

sudor en las fundas
el delirio desciende
de la coronilla
hasta los callos
vigilia en corredor
el niño y el ciego
hablan en niebla
la culpa en veneno
los demonios
en rocas de derrumbe
hasta la indiferencia entre sábana y cuerpo
tripa y escalofrío
verruga y cabeza

el mundo ha perdido su sentido del humor
va dando un coma de insipidez

cómo se agria
cómo empareda cuatro muros
un estruendo hecho para ser visible
deambula hasta el gotear
del primer y último trago de whisky
que le suelta la lengua
la pone a rodar sobre humores menos porosos
en picada
a lo hondo
soporta el peso
con piel de estatua

el mundo ha perdido su sentido del humor
nadie entiende los chistes
con los que le levanta
la falda a la señora venerable
y ese
que hace un siglo
decía ser su amigo
toma la forma pálida de un sujeto no identificado

si no ha matado a alguien
por qué en la mano el tufo de unos muertos
malparidez como no la ha sentido ningún ancla
un más allá del pecho
lo siente rasguñar
o es quiquiriquí
arrebatado
a un gallo
cuando tenía cinco años
y son apenas las doce de la noche

el mundo ha asesinado su sentido del humor

a ese cosquilleo
de ser salto y caída
lo conoce de sobra
es la promesa de la luz
con su carita de yo no fui
rociando la mañana
esperanza de que la vida empieza y continúa

y otra vez
que esta noche será distinto
habrá una ventana
una cortina
un párpado
que cace al sueño
que lo someta hasta la piedra
que arranque a la memoria
de su adherencia a los pecados

tal vez
unos brazos que mezan
un canto
un arrullo
invocación al reposo
con la ternura
que amarra al niño a su niñez

 

*****


Fátima Vélez (Manizales, Colombia, 1985). Realizó estudios de literatura en la Universidad de los Andes y la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional de Colombia. Fundadora de la residencia para artistas Residencia en la Tierra. Ha participado en varios talleres de creación literaria en Bogotá y fue cofundadora del taller de escritura creativa Calle 17. Su libro de poesía “Diseño de Interiores” ganó el Premio Nacional de Poesía Ciudad de Bogotá, premio que no le fue otorgado por no firmar un formulario.


Fundación La Raíz Invertida
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