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23 Oct 2015 / 10:55 am

Monodia y otros poemas de Pedro Arturo Estrada


Por Arturo Ruiz-Sánchez
Nota de presentación en Corona Community Library, New York, 2015

 

Poemas cuyo tono permanece fiel a una voz ya probada por el tiempo y la vida, como una antigua canción desnuda, obsesiva, monódica, son los que conforman este nuevo libro de Pedro Arturo, escritos en su mayoría durante los dos últimos años en Nueva York.

Se anexan al corpus principal, además, textos anteriores que el autor había dejado por fuera en sus publicaciones pasadas, con lo que el volumen disponible en Amazon aumenta un poco más de lo que el poemario en sí consta: 29 textos en total.

El título hace alusión a la voz solitaria y un tanto monótona –un mismo tono- que de alguna manera el poeta ha mantenido, tal vez ajena a los vaivenes y modas de la poesía, pero depurada de ripios y brillos verbosos que un lector maduro reconocerá sin sobresaltos, pues aquí nos encontramos con el poema quintaesenciado, trasunto de lo vivido y lo conocido rigurosamente dicho, decantado y verdadero.

 

 

 

ANTIORACIÓN

Que la vida me agarre confesado
boca arriba del miedo
aleteando en el azul

Una sola canción
una palabra sola
—dioses desconocidos
cantaré para vosotros

No pido ningún cielo
No ignoro vuestro infierno

Solo este instante es mío
No lo carguéis de eternidad

Dejadme ir cuando quiera
No me atéis
No pidáis mi fidelidad

—Mi fe última

Esa apenas me alcanza
para el día.

 

 

 


SILENCIOSO HORROR

De los días que uno tras otro
no fueron la vida
—que estuvo siempre en otra parte

Del camino que no elegimos
La dicha que pudo haber sido y desdeñamos

La verdad no vista a tiempo
La mano que no se tendió
y hubiera salvado algo

De la vieja costumbre de creernos a salvo
porque vuelve la luz a los ojos abiertos
mientras duerme lo informe bajo techo

Rostro del horror escondido en la belleza
—La misma luz de lo amado.

 

 

 

 

PERMANENCIA

Permanecerá sólo la devastación
La pesadez del cielo
en la pupila fría

De la tierra ascenderá entonces
el reclamo de lo muerto
La lengua del fuego imprecando
la masacre de los delfines
el desuello vivo de los pequeños
habitantes del bosque
la tortura del aire y del agua
cuyas voces ya habrán gritado
su sentencia inapelable

Permanecerá sólo la cuenca ávida del desierto
El vuelo rasante de la hoz
sobre los trigales del universo

Y en el fondo de todo la memoria
de unos dedos a cuyo roce
hubieran girado de otro modo
los goznes de la realidad

Las yemas de esa penélope del sueño
tejiendo y destejiendo una imposible
—belleza.

 

 

 

 

LA SOLA GRACIA

No obstante, el instinto
de asirnos a los bordes

De mantener la calma
frente al vértigo

La ingenua obstinación
por otro mundo
soñado en el vacío

Esta red de creencias
deshecha por el viento
llamada realidad

La gracia de fingirnos
habitantes del aire

Son el único triunfo
—todavía.

 

 

 



MISERIA

Espuria promesa del reino
del país del mañana
cuando sólo teníamos ese trozo de pan
para el día siguiente

Cuando nos guarecíamos de la tormenta
bajo una piedra habitáculo de escorpiones

Cuando apenas podíamos copular en la sombra
avergonzados de nuestro deseo
de acunar esa pequeña llama
ese rescoldo de incendio en los ojos

Miseria de comprendernos mejor
cuanto menos palabras
cuanto menos sueños cumplíamos
cuanto más despojados

Miseria de no sabernos
de no querer saber

De no querer vivir
nada que estuviera
más allá de las manos.

 

 

 


MEMORIAL


Hubo un tiempo para el alto sueño del viaje
más allá de la casa, el sempiterno patio,
el comedor penumbroso, el corredor helado

Una hora para la epifanía
del grano de arena y las alas del pájaro

La simetría dorada, la cifra, el continuum
de la música donde fluíamos con los ojos cerrados
Tiempo en el que pagamos con oro toda fe
y aguardamos pacientes el regreso de la gracia

Esperábamos tanto de nosotros
Todo lo dimos, todo lo apostamos
esquivando el aletazo de la incertidumbre

De pronto algo se rasgó
La grieta apareció y por allí
el resplandor del infierno tan temido

La mañana dio un vuelco feroz contra los ojos
El sol se vino abajo
Se hizo polvo el cielo

Y no tuvimos donde poner el pie
que no fuera ya sombra
de lo muerto.

 

 

 


ANÁFORA DEL VIAJE


Haber visto singlar las horas vacías
Haber oído el canto de sirenas
y contemplado inermes el ojo del Cíclope

para nada, para espantar con débil gesto
las moscas que regresan al rostro

Haber esperado desnudos
ante la aurora que avanzó
como una novia entrando en la casa

Haber escuchado todo Bach
todo Mozart con el cuerpo vencido
bajo la araña metálica del clave
con el hueso ingrávido
sobre las armonías del Celeste

Haber leído las páginas
del mismo interminable libro
que fueron todos los libros

en tanto que la vida
—otra vida

huía veloz por la tangente.

 


***
Pedro Arturo Estrada
Del libro, Monodia y Otros poemas

 

 

Pedro Arturo Estrada – Colombia -1956. Ha publicado Poemas en blanco y negro (Editorial Universidad de Antioquia, 1994); Fatum (Colección Autores Antioqueños, 2000); Oscura edad y otros poemas (Universidad Nacional de Colombia, 2006); Suma del tiempo (Universidad Externado de Colombia, 2009); Des/historias (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Poemas de Otra/parte (Cuadernos Negros Editorial, 2012); Locus Solus (Sílaba, 2013); Blanco y Negro, nueva selección de textos (Letera Ed. NY, 2014) y Monodia y otros poemas (Letera, NY, 2015). Es premio nacional Ciro Mendía en 2004, Sueños de Luciano Pulgar en 2007, Beca de creación Alcaldía de Medellín, 2012 y Casa Silva, 2013, entre otros. Textos suyos aparecen en diversas antologías nacionales y del exterior. Ha sido coordinador de talleres literarios con el ministerio de cultura y algunas instituciones educativas de Colombia.  

 

 


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