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19 Oct 2015 / 11:52 am

 

Cartas de Cera

 

Nota y selección de Luis Arturo Restrepo

 

La esperanza y la desesperanza conviven para hacer del poema una oración impostergable ante la incertidumbre que nos abraza. Una a una las palabras van dilatando la espera, la ausencia, la soledad y son ahora los versos de Cartas de cera una pequeña ofrenda que se deja en silencio a los pies del amor.

 En este breve e intenso libro, la poeta argentina María Lanese (Campobasso, Italia 1945) nos lleva a un territorio sin asidero, en donde los amantes recuerdan el teatro de sombras con la palabra como luz que ilumina “el largo, el triste juego del amor”, como diría Sabines.   

 A continuación, algunos de los poemas de este bello libro recientemente publicado en Argentina por la editorial Huesos de Jibia en edición bilingüe, español-italiano. 

 

 

 

 

 

La joven ha sido sorprendida en ese momento de concentración en que su

mirada se extravía.

Pascal Quignard

 

 

IV (Apodo)

 

Con el índice

                   invoco

dibujo tu inicial

en la tormenta de un vidrio

empañado con aliento.

La letra se desvanece habitualmente

hoy vuelve seducida por un rayo

irrumpe a la hora justa

en el mismo lugar donde sube

el olor de los jazmines

                            que te atraen

como a mí tu voz

                   llamándome.

Aquí

        

donde no estás

                   anochece.

Te revela un resplandor.

Así

        

 mi amor

¿cómo se llega al sueño

                   sin nombrarte?

 

 mi amor

¿cómo se llega al sueño

                   sin nombrarte?

 

 

 

 

 

 

 

Su mirada se adhiere a lo invisible hacia donde se trasporta su alma.

Pascal Quignard

 

V (Decías)

 

Recién hoy llegan a la isla

los días luminosos.

Anduve cerca del mar

otros entraron

yo no puedo aún

el frío y el sol me acosan.

El árbol grande

        

 sigue al acecho

                   con tu sombra.

Solo el olvido del recuerdo

                   acercará distancia

para que el mar me ampare

        

 y algún cielo rezagado te prodigue.

 

 

 

 

 

 

 

 

La escritura es un trasporte al alma del otro a quien se trata de convencer.

Pascal Quignard

 

X (Fue)

 

Quise decirte

        

 que a veces

el dolor

         acobarda

relumbra

        

 como el rastro

de una babosa

acomete un recorrido

         interminable

igual a un dedo

        

 que se hunde

en los agujeros de las letras.

Un dedo

         omnímodo

que vaya a saber

en busca de qué espesor

destroza los espejos

y da vueltas

        

 y vueltas

                   y vueltas

rumiando un vals tedioso

        

 que ensordece.

Quise decírtelo

        

 pero no pude

aquellos

        

 eran días felices.

 

 

 

 

 

 

 

Detesto esos abrazos en los que ninguno se entrega.

                                                     Ovidio

XI (Alianza)

 

Estamos de acuerdo

hay caricias que abrasan

hasta el hueso

                  

 y eso se nota

se nos resbala por los párpados

se mueve entre nosotros

como una pesada seda

dentro de un laberinto

de espirales húmedas

y no nos importa

                   la salida

porque un olor intenso

        

 nos impregna

nos mantiene suspendidos

en un aire prófugo

que viene de un mundo

del que sabemos poco

        

 y que tampoco importa

nos basta con demorar el porvenir

con permanecer

        

 a salvo

                  

 de la escarcha.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Escribir desea.

                      Pascal Quignard

 

XIV (Entorno)

 

Tus labios descifran

acercando a mi voz

paraísos

                   que ignoramos.

Un gesto leve

        

 como una luciérnaga

oscila en el contraluz

                  

 de esta codicia

        

 que me arrastra hasta tu boca.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un gran amor cruza hasta la orilla de la muerte.

                                                        Propercio

 

XX (Sinapsis)

 

Unión sin contacto

aureola macerada

en las aguas virtuosas del recuerdo.

        

 Esto queda.

Es lo que fuimos

        

 signado en un acorde venturoso.

Ese acorde es la clave que ordena partituras extasiadas

volcanes sumergidos en un compás de espera

                  

 armónicos haciéndose presente

                                               palpitando

                           

 en la yema de los dedos.

 

 

 

 

María Lanese nació en Ripalimosani, Campobasso, Italia, el 5 de julio de 1945. Desde el año 1949 reside en Rosario. Psicóloga egresada de la Universidad Nacional de Rosario, ejerció su profesión como Psicoanalista hasta el año 1997. Desde 1986 se desempeña como cantante, con repertorios de música popular de diferentes países. Asistió como poeta invitada a varios festivales internacionales. Publicó Sonidos Graves (2006), que incluye collages del artista plástico Adolfo Nigro, y Mariposas en la lengua (2008). Participó de las antologías Poetas del tercer mundo (2008) e Italiani d´altrove (2010). Algunos de sus poemas fueron traducidos al serbio y publicados en revistas literarias de ese país. Sus libros Ancora, II Cuerdas y Cartas de Cera aún están inéditos.

 

 

 

 


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