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28 Jul 2015 / 19:14 pm

 

Por: Saúl Gómez Mantilla

 

 El modernismo era una manifestación de ideologías y tendencias que invadían el final del siglo XIX e inicios del XX, que expresados mediante la literatura se prolongaban, pero también, es una fuerte reacción contra la decadencia de la literatura española, contra su estancamiento literario frente a sus naciones vecinas. El modernismo es para Latinoamérica una toma de conciencia del acontecer literario de la época.  Para Enríquez Ureña el modernismo está íntimamente ligado con las angustias y preocupaciones de ese entonces, pues, “toda renovación de forma conlleva generalmente la búsqueda de una expresión adecuada para su sensibilidad” [1].  Su primera parte está marcada por el culto preciosista a la forma, un trabajo sobre el lenguaje que lleva a un refinamiento artificioso; la segunda etapa capta la vida y el ambiente de los pueblos del continente, intenta traducir sus ideales, sus angustias, sus esperanzas, sin negar su rasgo principal: trabajar el lenguaje con arte.

José Asunción Silva hace parte de esa etapa inicial del modernismo, y se podría afirmar que existen dos José Asunción Silva modernistas, uno es el Silva poeta y sus aportes a nivel formal a la poesía hispanoamericana, y el otro es el Silva novelista, más apegado a la vanguardia modernista en la prosa, con un estilo y una temática muy similar a la novelas del fin de siglo europeas.  De sobremesa, obra modernista por excelencia,  vendría a oxigenar el ambiente literario en Colombia.  Su protagonista José Fernández ya no se mueve en ambientes exteriores rodeados de naturaleza, sino en el interior de los salones y de las habitaciones, que tienen mucho que ver con la introspección del protagonista, quien se nos presenta leyendo su diario, como una forma de escritura que revela su interioridad y que permite al lector conocer los aspectos personales de su autor.

María Mercedes Carranza es tajante al hablar de los temas en la poesía y la prosa de Silva, para ella, esos temas son los esenciales en la historia de la literatura, como el amor, la muerte, la infancia perdida, la soledad, pero lo que hace importante la obra de Silva es el tratamiento que da a esos temas, pues, ellos se producen, “como una manera de negar la sociedad burguesa que los ha excluido”[2] , y agrega además la ruptura que significó la vida de José Asunción Silva para con su tiempo, “fue un desadaptado frente a los valores consagrados vigentes y frente a la mediocridad de su medio y no sólo por influencia y circunstancia de la época, sino como reflejo de su crisis personal frente a su medio”[3].  Ya que con  José Asunción Silva ocurre lo mismo que con otros poetas que han tenido una vida que supera la cotidianidad de la sociedad burguesa, como la de Lord Byron, Arthur Rimbaud, Gómez Jattín, donde son más conocidos algunos pasajes de sus vidas y se ha creado en torno a ellos una serie de anécdotas y leyendas que en nada contribuyen a engrandecer su obra, porque el público lector muchas veces se complace con estas historias, evitando un acercamiento más crítico y directo con la obra de estos autores.

 

Silva y la poesía modernista

 

En Colombia el movimiento modernista de finales del siglo XIX representó una ruptura directa con su tiempo y con la sociedad colombiana de la época, así figuras como José Asunción Silva, Guillermo Valencia [4], Baldomero Sanín Cano, entre otros, se vieron afectados por su concepción de la poesía y de la literatura, por transformar las concepciones tradicionales que se tenían de ello, los llamaban afrancesados e incluso imitadores de los poetas franceses decadentes.  Claro está que en Colombia el fenómeno de ruptura no fue tan radical como el francés que:llevo a Verlaine a la mendicidad, o a Rimbaud al autoexilio y la ferocidad de su destino, o a Lautréamont a las fronteras de la locura.  Silva fue un comerciante de oficio hasta el final de su vida, y quizás no tan inepto en el manejo de los negocios como podría pensarse.  Si bien fue alternativamente un poeta que detesto al burgués y cuyo suicidio atestigua que llevó esa contradicción hasta sus últimas consecuencias” [5].

 

Colombia no sería ajena a todos estos movimientos e intentos de librar a la palabra de sus ataduras tradicionales y de eliminar las convenciones y creencias que se tienen en torno a la poesía y al poeta.  Con Gotas Amargas, José Asunción Silva nos presenta la ruptura entre el poeta y la sociedad a través de un humor ácido, Silva volcaría la poesía a un lenguaje cotidiano, matizado por los objetos que se presentan en la vida diaria.  Allí  se ven enfrentadas la visión artística de la vida contra la visión positivista de la misma, de esta forma los males que aquejan al poeta son expresados por medio de sus lecturas, como en el poema El mal del siglo, donde está presente la antítesis de la relación entre ciencia y poesía.  En el poema el enfermo dice padecer:

 

El mismo mal de Werther,

de Rolla, de Manfredo y de Leopardi.

 

A lo que el médico le responde:

 

Beba bien; coma bien; cuídese mucho.

¡lo que usted tiene es hambre![6]

 

Se nos presenta un diálogo roto, en el que, ni el poeta ni el médico, hablan el mismo idioma, donde cada uno se expresa a partir de las formas lingüísticas que usa para relacionarse con el mundo.  El poeta lo hace en términos estéticos y el médico en términos médicos.  No hay posibilidad de un eco del uno para con el otro. Esta dicotomía entre arte y ciencia, está presente en otros poemas de Gotas Amargas. En el poema inicial Avant-propos,  el paciente tiene un estómago literario, que se estraga por estar

                                           leyendo poemas llenos de lágrimas,

(...)

y todas las sensiblerías

semi-románticas.[7]

 

a este mal, le aconseja Silva probar una dosis de Gotas Amargas.  Esta receta que ofrece Silva a sus lectores nos muestra cuál era la literatura imperante en la época y cuáles sus males, entre ellos el carácter sagrado de la poesía (al que apelaba Silva en el libro de Versos) y el Bovarismo, enfermedad presente en el poema Lentes Ajenos, donde la realidad local se adapta a la literatura francesa del siglo XIX. En el caso del poema Zoospermos, donde el sabio Cornelius Van Kerinken, al ver los espermatozoides a través de su microscopio, piensa que alguno de ellos:

 

hubiera sido un Werther,

y tras de mil angustias

y gestas y pasiones se hubiera suicidado

con un Smith y Weson

Y otro:

 

hubiera sido

la Gretchen de algún Fausto;

(...)

el otro, el pequeñísimo,

algún poeta lírico;[8]

 

De esta forma la literatura es el tema central de los poemas, porque es a partir de los libros y de sus personajes que Silva construye sus poemas, dándoles visos irónicos y satíricos, para hacer de la poesía un ejercicio de la mente y un producto de la lectura. 

A esta idea que se tiene de la poesía, Silva ofrece poemas que contrastan con los valores tradicionales y con la idea que se tiene acerca del arte y de la poesía, en un lenguaje cotidiano, que nos muestra las diferencias existentes entre el lenguaje poético, el económico y el científico.  El poeta se nos muestra desacralizado y totalmente indefenso ante el mundo que lo consume y que le ha quitado su aura mágica, como en el poema de Charles Baudelaire La aureola perdida, donde el poeta, para evitar ser arrollado por un coche, tiene que apurar el paso y al saltar pierde su aureola de poeta.  En este caso, Silva nos muestra a poetas y lectores que han perdido su aureola y que ahora se mezclan entre las multitudes, como paseantes que desconfían de la ciencia y del progreso tecnológico, para entregarse a la duda y la sátira de la sociedad burguesa.

En su novela De Sobremesa, José Asunción Silva pone en boca de su protagonista, José Fernández la concepción moderna del poeta.  Alejado ya de todo aire romántico, el poeta se ve como un producto de sus lecturas.  En este caso la literatura genera literatura y la lectura de poesía genera la escritura de la misma.  José Fernández afirma que él no se considera un poeta porque: “lo que me hizo escribir versos fue que la lectura de los grandes poetas me produjo emociones tan profundas como son todas las mías; que esas emociones subsistieron por largo tiempo en mi espíritu y se impregnaron de mi sensibilidad y se convirtieron en estrofas” [10].  Esta afirmación es una de las principales características de los poetas modernos, pues, son poetas porque leen poesía, ya la musa no es el agente productor de versos, la poesía surge del libro, de la lectura.  Escribir es un proceso intelectual, que implica un manejo de la emociones y darle una dirección a las sensaciones.  Esta será la razón por la cual en el poema La respuesta de la tierra el poeta lírico al hablarle a la tierra frente a una posada y al volver de un camino recibe de ella su silencio.

 

la tierra, como siempre, displicente y callada,

al gran poeta lírico no le contestó nada.[11]

 

Silva despoja al poeta de esa magia que encarnaba en épocas antiguas. Ya no es el vidente, el sacerdote de una comunidad, ni el cantor de las hazañas de un pueblo, ahora el poeta es el cantante de su propia soledad y de su separación del mundo que le rodea.  El poema Filosofías es fiel reflejo de éste planteamientos

 

¡Lucha, en la labor que te asesina,

-lienzo, bronce o poema-

 

Pon tu esencia, tus nervios, tu alma toda!

¡Terrible empresa vana!

pues que tu obra no estará a la moda

de pasado mañana[12].

 

Para algunos críticos, como es el caso de Eduardo Camacho Guizado, los poemas de Gotas Amargas “responden a un par de fórmulas retóricas que están mucho más cerca del chiste que de la poesía, y sus temas más cerca de la caricatura ocasional, pasajeras de modas que de la verdadera observación social”[13], esta afirmación de Camacho Guizado se debe a que considera este tipo de poemas como una negación de la poesía,  porque en lugar de denunciar las contradicciones de la sociedad, denuncia “sus modas, de una manera demasiado inmediata y superficial”[14].  En cambio para Alfredo A. Roggiano estos poemas son el producto de: “la transformación política, económica, social e ideológica de Colombia en la segunda mitad del siglo XIX, que culminó con la guerra civil de 1885 y dio entrada al capitalismo internacional, transformando al país”[15], por este motivo estos poemas están cargados del pesimismo del poeta para con su tiempo, ya que son el reflejo de “la hostilidad de la nueva burguesía capitalista hacia quienes privilegiaban el arte y la cultura como forma superior de vida”[16].

Estas concepciones de la poesía han dado nuevos impulsos a la literatura nacional, aunque en su época no fueron valorados. El tiempo les ha dado un sitio destacado en el panorama poético nacional, refiriéndose a una visión poética moderna y más acorde con el ambiente literario en el mundo. Tanto la novela De sobremesa como el libro de poemas Gotas Amargas, han salido airosos con el paso del tiempo, porque sus propuestas estéticas no han sido caducas, sino que han permanecido según las exigencias de las épocas que las vieron nacer, De sobremesa y Gotas amargas tiene una visión diferente del mundo, no cantan a la naturaleza, ni son optimistas con respecto al futuro del hombre, ambos libros tratan desde su perspectiva derribar los cánones e imponerse sobre las propuestas estéticas que predominaban en la Colombia de finales de XIX e inicios de XX.

 

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[1]   Ibid.  Pg. 16.

[2] Carranza María Mercedes.  José Asunción Silva y el modernismo.  Revista Credencial Historia.  #76. Abril. 1996.  Bogotá.  Pg. 11.

[3] Ibid.  Pg.  11.

[4] Aunque Guillermo Valencia adoptó las formas estéticas del modernismo, su concepción sobre la poesía es poco moderna, ya que Valencia seguía viendo al poeta como el guía de su comunidad, como el transmisor de los valores de su sociedad, de esta manera la poesía tendría un fin pedagógico y este factor es una de los primeros ataques del modernismo contra las ideas tradicionales sobre la poesía.

[5] Jiménez Panesso David.  Fin de siglo decadencia y modernidad.  Instituto Colombiano de Cultura.  Bogotá.  1994.  Pg. 53.

[6] Silva José Asunción. Poesía completa – De Sobremesa.  Editorial Norma.  Bogotá.  1996.  Pg. 124.

[7]   Ibid.  Pg.  123.

[8] El poema Ars, refleja la intención del poema como algo puro y sagrado. Pg 86.

[9] Ibid.  Pg.  135 – 136.

[10] Ibid.  Pg. 300.

[11] Ibid.  Pg.  125.

[12] Ibid.  Pg.  141 – 142.

[13] Silva José Asunción.  Obra Completa.  Eduardo Camacho Guizado.  Poética y Poesía de José Asunción Silva. Colección Archivos.  España.  1996.  Pg.  544.

[14] Ibid.  Pg.  545.

[15] Ibid.  Pg.  568.

[16] Ibid.  Pg.  570

 

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