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04 Oct 2012 / 03:58 am

  

Selección de Henry Alexander Gómez

 

La escritura de Mery Yolanda Sánchez (Guamo, Tolima, 1956) es demoledora, en sus poemas absorbemos el quejido del mundo para no olvidar quienes somos realmente. El duelo imposible, la memoria fallida, las oscuras pulsaciones de la noche.

El poema es testigo primordial de la muerte, la palabra es hermosa y desgarrada. La violencia como un hollín que nos envuelve muchas veces sin tocarnos, a nosotros, quienes dilatamos nuestra pupila a propósito para no ver.

En un lienzo fino de lenguaje, Mery Yolanda nos aprehende con una de las voces más singulares de la literatura colombiana; en ella la poesía es testimonio, una ínsula extraña, un ruido que “incomoda”.

 

 

 


ÚLTIMAS PÁGINAS

Has tenido suerte, caíste en el patio donde crecen los niños que no piden un nombre sobre la tierra. No has podido contar los años que llevas descalzo. Te encontrarán con la tierra de tu patio en el rostro. Una que otra hormiga se deslizará por tu ceño dolido. Una fruta traerá un poco de ti. Tu madre volverá a lavar culpas en las piedras del agua que te habló por primera vez de primavera. Y tú habrás olvidado que te llamabas Carlos y que las lluvias te han dejado sin color.

 

 

 

ARROZ

Regaste las semillas que crecían en los cráneos y viste las niñas que volvían para cambiar de ropa a sus muñecas y acariciar casitas de algodón. Te fuiste con el susurro de las matas de plátano y no alcanzaste las faldas de la anciana que volvió para terminar de amasar el pan. Sabrás que ahora nadie se quiere ir y que por pedazos retornan las sombras para acomodarse otra vez, pero no encuentran dónde poner los pies.

 

 

 


LOS OTROS

No alcanzaron a sentir miedo. Cuando los cortaron el dolor llegó primero, la boca de la bota en la cara. Pronto el susurro de la sierra fue lejano. Un pajarito almorzó los pecados de las vísceras.
Sus sombras siguen y recogen los sombreros que atajó el viento.
Las mujeres orinan cualquier lugar.
Los niños se volvieron ancianos amarrados a los alambres de púa.
Tres territorios debajo de las carcajadas de los asesinos.
Y sus sombras también son perseguidas, señaladas y marcadas desde los pájaros metálicos, dueños del cielo.

 

 

 

NACIMIENTO

Antes que el vuelo de la mariposa supiste de la infamia. Te enseñaron a no lanzar la flecha para evitar el arrepentimiento. Te dijeron que tenías que inventar una familia y la conseguiste completa para los asesinos. No esperaste los hijos de tus ganas. Viejo como estás, no llorarás por los que no nacieron, sabes bien que de ellos es la gloria de la eternidad.

 

 

 


EL REGRESO

Una extraña atmósfera le determina la vida. Un olor denso y pesado, nunca antes presentido, se cuela por el vestido y se esconde entre el ombligo.

Sí, sacaron al muerto, pero su olor se instaló en las axilas de la noche, en los pliegues del pañuelo en desuso; se mantuvo ocho días entre las subidas y bajadas de los inquilinos. Tal vez, Dios también utilizó el ascensor inhalando su propio sabor. Es la costumbre de dormir entre el incienso.

 

 

 

MIEDO

Sentir por las piernas
la respiración
del compañero desaparecido.

 

 

 

LA CARTA

Puedo darte últimas noticias,
contarte cuántas curaciones
en la canción de la guerra.
Puedo mostrarte una luz fuerte
que cruza el mediodía de los muertos,
pero no puedo hablarte del último
vestido de las mariposas,
y de esta necesidad de verte.

 

 


DESIERTO

Las puntas de la lluvia en mis ojos.
Apacible, entre el olor a sudor de caballo,
y gotas fuertes que aplastan la tierra rojiza
reconozco el duelo.
Desafío el miedo centímetro a centímetro
y la tormenta me devuelve las imágenes
cuando intentamos el vuelo de los sueños.
La oscuridad es perfecta, la soledad amplia, larga la distancia.
El disparo no despertará a mamá.

 

 

 

CARTA A CARLOS IVÁN

Pienso en ti
para contestar
el saludo a mis muertos.
Pienso en ti
para olvidar la rumba
donde los disparos
son la partitura
del himno nacional.

 

 

Mery Yolanda Sánchez (Guamo Tolima, 1956) Ha publicado los libros de poesía La ciudad que me habita (1989), Ritual para las noches (1997) y Dios sobra, estorba, y las antologías Un día maíz (2010) y Rostro de tierra (2011). Sus poemas, cuentos, comentarios literarios y reseñas de libros han aparecido en diferentes antologías, y magazines del país, Venezuela, Brasil y México. Obtuvo mención de honor en el concurso El cuentista Inédito del Centro de Estudios Alejo Carpentier en 1987 y en 1994. Fue beneficiada con la Beca Nacional 1998 del Ministerio de Cultura por su proyecto Poesía en Escena (propuesta escénica para la presentación de lecturas de poesía que se realiza en Bogotá desde 1993). Ha orientado talleres de poesía para niños, jóvenes, población de internos en centros carcelarios y habitantes de la calle. Diseñó y ejecutó para el Comité de Derechos Humanos de la Personería de Bogotá el proyecto Puente Experimento Piloto (el teatro, la danza y la literatura como liberadores de la violencia intrafamiliar). Dirige la Asociación Libre para las Artes –Alartes–, entidad de gestión artística y cultural que realiza producción técnica y logística de eventos masivos y de sala. En el año 2014 fue merecedora del Segundo Premio Nacional de Novela Corta Pontificia Universidad Javeriana por El atajo, publicada en el 2015.

 


Fundación La Raíz Invertida
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