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21 Oct 2012 / 00:35 am

Selección de Henry Alexander Gómez

 

El laconismo, la palabra precisa, el adjetivo justo, el rigor del joyero y la codiciada profundidad de la poesía en medio de lo natural y lo cotidiano, son algunas de las características del poeta caucano Horacio Benavides.  

 

Sus poemas son tejidos con un lenguaje simple pero nunca ingenuo. Al leerlos, logramos reflejarnos como cuando nos vemos en un pozo de aguas transparentes. Es la nomenclatura del misterio ante las cosas habituales. La sorpresa de una fábula que cuelga de un hilo de la noche. 

 

Benavides, poco a poco, se muestra como una gran voz, una ínsula extraña que bien merece, más de un rayo de sol en la literatura colombiana.

 

Acá una muestra de su poesía:

 

 

 

De Las cosas perdidas (1986)

 

 

 

La sangre recuerda

 

Entre la sombra

y los jirones del sol

mis ojos descubren al tigre

 

La melodía de su cuerpo

quema la hierba

 

Su poder avanza ondulando

rememorando tal vez

el antiguo reino del agua

 

Como ahora mi sangre recuerda

el temor

el fuego

y la nieve

 

 

 

 

El reloj

 

El reloj

es un pájaro

disecado vivo

 

Un pájaro

que picotea

y picotea

el tiempo

sin romperlo

 

El reloj

es un dios caído

y torturado

 

 

 

EL CERDO

 

El cerdo entra en el poema

como una ofensa

pero nadie sabe

que el cerdo también reza

 

Al final del verano

cuando las golondrinas

arrastran el paracaídas

de la lluvia

el cerdo se sale de sí:

 

da vueltas salta grita

aplaude el universo

 

 

 

 

De Agua de la orilla (1989)

 

 

 

Día entero

 

Las muchachas del servicio

corren hacia el domingo,

Abandonan su traje de ceniza

y limpias y aromadas

buscan en la luz

a su muchacho.

Por fin el día es suyo,

un sol de verano

las quema en la hierba,

Bailan en las casetas,

perdiendo con frecuencia el paso

y en la noche

en un cuarto barato

gimen ante revelación

tan íntima.

La madrugada del lunes

se lleva sus alas.

 

 

 

 

De Sombra de agua (1994)

 

 

 

Murciélago

 

Bébete la noche

extensión de gracia

para la feliz letanía

de tus alas

 

Sobrevuela la bestia dormida

abanícala con tus párpados

lame en su lomo la linfa

el palpitante ojo del agua

 

Y ármate contra el mundo

mendigo dios de la dicha

que ya viene el día

 

 

 

 

 

De La aldea desvelada (1998)

 

 

 

6

 

Hay un tiempo en que la voz

hace eco en las montañas

y el rostro contesta

en el agua

 

Otro

en que el eco

vaga solo

y el agua ríe

para nadie

 

 

13

 

Sentada en el andén

La muerte saca su pan

 

No hay mosca que la ronde

Ni perro que la vele

 

Nos acostamos con un amante

O al menos con la sombra

 

¿con quién se acostará la muerte?

 

 

 

 

De Todo lugar para el desencuentro (2005)

 

 

 

 

Bagdad a oscuras

 

Cuando de la herida del niño

empezó a brotar

la dulce agua del sueño

 

y la anciana

hubo apagado

con sus dedos la última llama

y los perros sin dueño

se entregaron

a su suerte

en el abandono

de la ciudad en ruinas

se escuchó de nuevo

la antiquísima voz de la sangre

He llegado a saber

oh rey afortunado...

 

 

Ricardo Reis ha vuelto a Lisboa

 

He vuelto a la orilla del río

y te he visto salir Lidia

del pasado que no regresa

 

Te has sentado junto a mí

plena de palabras no dichas

pagana y sosegadamente triste

con la fragancia de las rosas

en la memoria de las manos

En este crepúsculo

oro mate y azul

en que la noche va entrando

como una nave oscura

en el puerto

 

Donde estuvo el sueño

 

 

 

Horacio Benavides nació en Bolívar, Cauca, en 1949. Ha sido profesor de educación básica primaria y educación media en Cali, ciudad donde también dirige un taller de literatura para niños. Es coeditor de la revista de poesía Deriva. Ha publicado, entre otros, los libros de poemas: Orígenes (1979), Las cosas perdidas (1986), Agua de la Orilla (1989), Sombra de Agua (1994), La aldea desvelada (1998), Sin razón florecer (2002), con el cual ganó el Concurso Nacional de Poesía del Instituto Distrital de Cultura y Turismo en 2001, y Todo lugar para el desencuentro (2005). En De una a otra montaña (2008) publica su obra reunida.  

 


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