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03 Jul 2013 / 12:02 pm

   

 

 

Nota y selección de Jorge Valbuena y Henry Alexander Gómez

 

Sin duda alguna, la brumosa mañana en que George Samsa despertó convertido en un insecto la historia de literatura cambió para siempre. Del revés de la noche a la desesperación, de un castillo de lluvia al exilio de la pena, de la sombra del absurdo a las trampas del amor. Franz Kafka (1883–1924) llevó su propensión a la literatura de una manera absoluta.

Cómo un héroe huérfano, como un hijo de la soledad y la lucidez, vagó por las calles de Praga sembrando un catálogo de silencios perdidos, de fantasías predatorias.

A 130 años de su nacimiento, presentamos para la revista La Raíz Invertida, una selección de poemas de diversos autores que decidieron rendirle un homenaje a este insecto literario llamado mil veces FRANZ KAFKA.

 

 

 

 

TESTAMENTO DE KAFKA
 
¿La ley, hecha
Para el pájaro y su jaula,
Jamás involucra al pajarero?
 
¿La ley, hecha
Para el pez y su pecera,
Jamás involucra el pescador?
 
¿Y el hombre,
Bicho retráctil y casero,
Tiene temor a la intemperie?
 
¿Mi siglo,
Una Babel
Con lenguas de trapo?
 

JUAN MANUEL ROCA

 
 

EIN TRAUM
 
Lo sabían los tres.
Ella era la compañera de Kafka.
Kafka lo había soñado.
Lo sabían los tres.
Él era el amigo de Kafka.
Kafka lo había soñado.
Lo sabían los tres.
La mujer le dijo al amigo:
Quiero que esta noche me quieras.
Lo sabían los tres.
El hombre contestó: Si pecamos,
Kafka dejará de soñarnos.
Uno lo supo.
No había nadie más en la tierra.
Kafka se dijo:
Ahora que se fueron los dos, he quedado solo.
Dejaré de soñarme
 

JORGE LUIS BORGES

 
 

FRANZ KAFKA
 
Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al durmiente.
Pero mi padre no responde:
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y sólo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches más con el ángel,
ven a contarme historias junto al fuego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es éste mi abuelo sino un viejo gitano que quiere venderme un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que está oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y de laca,
¿hacia dónde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis manos,
y a lo lejos, atroces, los cañones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus páginas son de ceniza.
Milena, digo luego, tal vez tú puedas finalmente salvarme,
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza es un deseo
Pero ella se afantasma entre miles de seres escuálidos
y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.
¿Entonces es delirio todo esto? ¿A quién puedo llamar que me salve?
Su reino es de este mundo. Todos están aceptados y absueltos.
Son demasiado humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros.
y no aprendí a cruzar las puertas,
y no sé defenderme.
Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga
comprenderás que temo morir si me duermo.
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga
comprenderás que intento saber dónde me encuentro.
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga
comprenderás quién sostiene todo este sueño.
 

WILLIAM OSPINA

 
 

METAMORFOSIS
 
Platón, el de anchas espaldas,
fustigó a los rapsodas extasiados en la belleza de
Helena
y sus palabras terminaron más ciegas  que Homero.
Gregorio de Nisa y Gregorio de Nacianzo, sus
discípulos,
enseñaron que la verdad es ajena al goce y al oprobio
de los amantes y ya se sabe: amanecieron convertidos
en dos lustrosos y exasperados escarabajos.
 

OMAR ORTIZ

 
 

DEL DIARIO DE KAFKA
 
Si ahora de pronto optase
por no escribir (o no pudiera) y diera
el día por perdido, posponiendo
para quién sabe cuándo, y además
qué importa, la metódica
copia de mi agresividad
contra mí mismo, ¿pensaría
como Kafka (conocido empleado
de seguros) que esa dudosa obligación
no cumplida, se me iba a convertir
de alguna burocrática manera
en la razón de una desdicha irreparable?
 

JOSÉ MANUEL CABALLERO BONALD

 
 

KAFKA
 
Soy sensible a este abismo, me enternece
de otra manera la lectura de Kafka:
pruebo, con frialdad, el gusto de la muerte
Que nos hace falta algo
junto a lo cual no somos nada
Una cámara oscura
Que proyecta esta ausencia pavorosa
Pruébese lo contrario
con lujo de razones luminosas,
igual el sol parece que cavila
sobre el origen de sus manchas, sí:
en cada cosa hay un fantasma oculto
Nuestro trabajo, ¿no es un exorcismo,
una respuesta al desafío oscuro?
 

ENRIQUE LIHN

 
 

FRANZ KAFKA
 
Lo amarga hasta las más íntimas fibras el padre
Lo destrozan los oscuros tiempos que le tocó vivir
Escribe por amor a una vida que se le escapa
entre la oficina de abogado y la indiferencia
y maldad de esos contemporáneos que detesta
Terminar El Castillo fue una verdadera proeza
Contar las vicisitudes de K lo emocionaba
-es cierto- pero no es menos verdad que fue terrible
Si pudiera volvería a escribir El Proceso
Si pudiera completaría El Gran Teatro Integral de Oklahoma
O si no los quemaría todos absolutamente
A sus hermanos de sangre los están esperando
Dachau Auschwitz Tremblinka Buchenwald con los hornos
con las hambres festejadas por los verdugos nazis
Serán jabón o nada o esqueletos apenas cubiertos
por una piel terrible y deshumanizada
Serán la muerte desolada de tantos incontables
Serán la víctima inerme que Franz –el tierno Franz-
fue en su vida y en sus narraciones geniales.
 

RAÚL GÓMEZ JATTIN

 
 

CON EL PERDÓN DE KAFKA 
 
I
 

Al despertar, el monstruo insecto amaneció convertido en Gregoria Samsa. Tendrá que oír el golpeteo de la lluvia en su alféizar de hojalata para saber que las horas de Praga se cuentan en la clepsidra del invierno.

Al fondo del hospedaje para familias sin mañana, el pobre insecto de múltiples patas deberá bañarse, peinase, apuntalar su corbata de vendedor ambulante, oír algo peor que el paso de los trenes: la voz de la obediencia. El pobre insecto membranoso amaneció convertido en hombre y no pudo traducir su oscuro sueño.

 
II
 

Al despertar, el monstruo insecto se encuentra convertido en Franz Kafka. Deberá tornar a su trabajo y esquivar la mirada del padre lanzada desde los socavones de la infancia.

Sus grandes orejas que lo hacen ver como si llevara el rostro entre los arcos del paréntesis, tiene más de murciélago que de insecto (de gran murciélago que escucha en la noche la voz de Milena como un hilo para orientar el extravío).

Al despertar, el monstruo insecto que no amanece trajeado de Samsa, aunque el mismo vestido negro a la usanza de un cochero de pompas fúnebres sirva a la talla de Kafka, camina junto al señor Brod, albacea de sus dudas. Le pregunta si no encuentra extraña su extrañeza, si los judíos nacen viejos, mientras merodea y da vueltas a sí mismo. Toca su frente. Y recuerda que no amaneció siendo animal extraño e irredento.

 
III
 

Al despertar, el señor K. se sabe insecto a las puertas del Castillo. Entiende que su zumbido es la lengua muerta en la Babel que lo juzga sin juzgarlo.

Ve pasar la sombra sin cuerpo de su padre.

Un insecto que sueña con un enorme zapato, con la sandalia redentora: al despertar el señor K. espera la guillotina del pie que lo triture.

 
IV
 

Al amanecer no hay mañana: es el anochecer del alma. Repta y se escapa por la fisura del mundo. Hay quien dice que el monstruoso bicho va en un barco hacia América. Allí se hará un hombre cuando deje de ser cucaracha, escarabajo o inmigrante. Una mujer gorda caerá sobre él y su aliento lo abatirá como un insecticida.

 
V
 

Y si no sonara —murmura el padre realista— el reloj despertador. Porque sin él, nada de amanecer. Y sin amanecer, nada de insectos que se llamen Gregorio Samsa o Franz Kafka para que vengan, pestíferos, a desordenar las mañanas de Dios aptas para el trabajo y la familia.

Al despertar nace el sueño, la pesadilla.

 

JUAN MANUEL ROCA

 
 

A LA SOMBRA DE UN VIOLÍN PIENSO QUE SOY ANNE SOPHIE MUTTER
 
(Fragmento)
 
5
Al pronunciar tu nombre como un cuervo, graznar
hacia la noche tu apellido, salen las plumas negras de mi boca,
se clavan como agujas en mis dedos, escribo y sale viento
de mi mano, un aire que sacude las palabras te busco
como un niño que se pierde en un bosque de noche y sólo escucha
la corneja tatuada en el camino la corneja del Cid
(que es la de Pound) el viento de la niebla, sólo un niño
bajo un árbol de noche es un desierto al que llaman Milena,
un nombre sin sentido que no es nombre y vuela salta del suelo
hacia la rama y te pronuncia  "Kafka".
 

DOLAN MOR

 
 

REBROTE DE FRANZ KAFKA (TRÍPTICO DE FRANZ KAFKA)
 
Es una casa pequeña a dos niveles no muy lejos del río en un
callejón de Praga. En la madrugada
del once al doce noviembre tuvo un sobresalto, bajó a la cocinilla con
la mesa redonda y la silla de tilo, el anafe y la
llama azul de metileno. Prendió
la hornilla
y el fuego verdeció a la vez (tres) llamas en los tres cristales de la
ventana: olía a azufre. Quiso
pasar
a la salita comedor a beber una tisana de boldo y miel, corrió la
silla y se acomodó delante de una taza de barro siena que
había colocado no se sabe hace cuánto
sobre el portavasos de mimbre a seis colores, obsequio
de Felicia: y una vez más
apareció Felicia con la raya al medio, las dos trenzas y un resplandor
de velas en el óvalo blanco de aquel rostro ávido de
harinas y panes de la consagración, rostro
tres veces
una llamarada en el cristal de la ventana: apareció. Y era una vez
más la niña tres veces de sus muertos, acudían
al golpe
del triángulo unos músicos de cámara y al golpe de la esquila (las
tres) en el alto campanario no muy lejos
del río: se arrellanaron, diez
tazas, diez
sillas en la inmensa casona de las mansardas, la casa en que los
miradores y las cristaleras (establos y galpones)
se abrían día y noche, el agua
y las esponjas
relucían. Pues, sí: era otra época y un coro de muchachas vigilaba
las teteras (bullir) los eucaliptos (bullir) la mejorana
y un agua digestiva (mentas) aguas
de la respiración: todo
tranquilo (por fin) todo tranquilo, subió los escalones y vio que se
tendía en el cristal de la ventana (por fin)
sin una aglomeración de pájaros
en la ventana.
 

JOSÉ KOZER

 

 
 

ALAS
 
II
                                          Kafka escribe
 
      Y él es un búho
es un búho, «hombre», tatuado en el sobaco
bajo el ala rota
(aturdido por la luz cayó aquí mismo)
bajo el ala rota de inmensa sombra que se agita sobre el suelo.
 
      Un hombre de impotentes plumas.
 

TED HUGHES

 
 
 

Franz Kafka (Praga, 3 de julio de 1883 – Kierling, Austria, 3 de junio de 1924) fue un escritor checo de idioma alemán. Su obra es considerada una de las más influyentes de la literatura universal en el último siglo, a pesar de no ser muy extensa: fue autor de tres novelas (El procesoEl Castillo yAmérica), una novela corta (La metamorfosis) y un cierto número de parábolas y relatos breves. Además, dejó una abundante correspondencia y escritos autobiográficos, la mayor parte publicados póstumamente.

 


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